Guillermo Corona: “Entender los lugares como un concepto más global es el camino” 

Guillermo Corona

Guillermo Corona es geofísico y de lunes a viernes se dedica a su actividad principal, que es la búsqueda de petróleo. Pero los sábados se aboca a un ámbito que tiene que ver con su historia personal, la de un mendocino que estudió en el liceo agrícola y enológico: en su “tiempo libre”, recorre las fincas y estudia sus suelos, para ofrecer a las bodegas un conocimiento capaz de potenciar la calidad de sus vinos.

Autor del libro “Geografía del vino” y creador de la cuenta de Instagram @geografiadelvino, Guillermo Corona participó del diseño del primer estudio regional de terruños de Mendoza, San Juan y los Valles Calchaquíes. En esta entrevista, habla de su pasión por el vino y de cómo la aplicación del conocimiento de los suelos está mejorando la calidad del vino argentino.

Entrevista a Guillermo Corona 

Guillermo Corona

¿Cómo nace tu vínculo con el vino?
Con el vino siempre tuve mucha relación porque fui al liceo agrícola y enológico, que es un colegio de la universidad de Mendoza de donde sale la mayoría de los enólogos y agrónomos. Estuve incluso a punto de estudiar enología, pero como a mí siempre me gustó mucho la física, la matemática, la geología y la geografía, terminé dedicándome a la geofísica.

¿Tardaste en unir estos dos mundos: el de la geofísica y el del vino?
Nunca pensé que había un link. El link lo terminé haciendo cuando volví a vivir a Mendoza en 2014, después de vivir en Buenos Aires y viajar mucho por mi trabajo. Me empecé a juntar con mis compañeros del secundario, todos enólogos e ingenieros agrónomos, y empecé a visitar viñedos y a escribir sobre viñedos.

¿Con qué conocimiento previo te encontraste sobre los viñedos que empezaste a estudiar?
Había muy poco contenido y muy mal ordenado. Cuando mis amigos me piden que los ayude a estudiar los suelos de sus viñedos me puse a buscar en Internet qué información había y empecé a ver cosas bastante inexactas. Pero el problema es que los geólogos y los que trabajan los viñedos hablan dos idiomas diferentes. Me costó encontrarle la vuelta y entender en qué podía servirles.

¿Cómo es hoy tu trabajo en los viñedos?
Parto de un conocimiento general de la variabilidad del suelo, que uno puede encontrar en determinada finca, en determinada zona, y sobre eso se hace un trabajo fino de sus suelos. En función de lo que uno encuentra se plantean cambios en el manejo de la finca.

En Gualtallary, por ejemplo, vas a tener 2 o 3 tipos de suelos diferentes, que se van a dividir en unidades de más o menos una hectárea. La pregunta es si la bodega va a poder manejar eso agronómicamente y en la elaboración del vino. Porque si no hay posibilidad de trabajar por separado esos polígonos, hacer el estudio del suelo es una pérdida de tiempo y de recursos.

Guillermo Corona

¿Un ejemplo?
Supongamos que tenemos una finca de 100 hectáreas. Tenés 40 de un tipo suelo, 30 de otro y 30 de otro. Sabés que las 40 hectáreas son de un suelo que te va a dar tu vino entrada de gama. El siguiente 30% te va a permitir subir un poco más de calidad, y el 30% restante va a ser el más cualitativo. Pero ese cambio en la estructura de la pirámide de tus vinos lo tenés que saber llevar de modo comercial.
El trabajo ideal se hace en una finca que está inculta. A partir de ver el perfil de suelos que va a dar determinadas calidades hay que acomodar el portfolio. Te da información para determinar qué varietales vas a plantar, cómo vas a dividir los cuarteles, cómo va a ser tu riego, cómo vas a podar e incluso cómo vas a diseñar una bodega que tenga la capacidad de vinificar los diferentes volúmenes que vas a ir sacando de los distintos perfiles de suelo.

¿La calidad del vino depende exclusivamente del suelo?
Es consecuencia de todo un estudio que hay detrás, pero no se aboca solamente al suelo. Hay que entender también el clima y la marcha climática de las temporadas.

¿Y cómo se trabaja en la situación en que la finca ya está plantada?
En los casos en que la finca está plantada, un punto de partida es tomar aquel polígono que los estudios sugieren que es el más cualitativo y trabajarlo por separado. Y luego, si efectivamente resulta más cualitativo, tratar de incluir otro polígono que también tenga alta calidad. Muchas bodegas lo han hecho de esta forma y les da resultado.

¿El estudio de los suelos plantea un nuevo paradigma en términos de calidad?
Hace 10 o 15 años había otros criterios para diferenciar a un vino de otro en el portafolio de la bodega. Generalmente se hacía foco en un cuartel de donde salía una uva más rica, entonces a la vid le dejaban menos carga o la maduraban más, y al vino resultante le daban más tiempo en barrica. Ahora nos dimos cuenta de que la calidad viene intrínseca dentro de una finca y que está atada a los diferentes perfiles de suelo.

¿Realizaste un estudio sobre distintos terruños para Coviar?
Yo colaboré en la parte técnica. Fue un estudio que abarcó todos los oasis productivos de Mendoza, San Juan y los Valles Calchaquíes, en el que con organismos oficiales trabajaron con un grupo interdisciplinario que abarcó la geología, la caracterización climática y la de paisajes, con un mismo patrón de investigación. Sus resultados se estarán presentando en septiembre, y lo que tiene de bueno es que por fin hay un estudio que homogeniza los criterios de trabajo en todas las regiones vitivinícolas de la Argentina.

¿Este nuevo conocimiento de los suelos se está notando en los vinos?
Sí, en muchos vinos ya se está notando. Entender los lugares como un concepto mucho más global, que abarca los sueños, pero también la cuestión climática, es el camino que se está empezando a notar en los vinos de aquellos que son punta de lanza.

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