¿Cómo funciona el sistema de denominaciones en el vino argentino?

¿Cómo funciona el sistema de denominaciones en el vino argentino?

Cuando está frente a la góndola de un supermercado en Connecticut o Amberes, el consumidor se hace preguntas básicas y necesarias: ¿por qué algunos vinos franceses llevan inscripta, en grande, la región de la que proceden y, por el contrario, en Argentina lo más destacado es una marca comercial, una variedad de uva y la categoría de reserva o gran reserva? ¿Funciona igual una Appellation d’origine contrôlée (AOC) que una Denominación de Origen Controlada (DOC)? ¿Todos los varietales son puramente de una uva?
Como país productor de vinos, Argentina lleva muchos años trabajando en diversas líneas ordenadoras. Entre ellas, desestimó la categorización de vino de mesa y vino fino, vigente todavía en algunos países. Y, por el contrario, cobró fuerza el criterio europeo de organizar los vinos, primero, según el origen de la uva y, luego, de acuerdo a las otras variantes. Sucede que las regiones argentinas aún comienzan su camino de prestigio y las marcas comerciales son más importantes. Pero es cuestión de tiempo para que aquellas ganen protagonismo. Entretanto, un vino puede tener una denominación marcaria, en primer lugar, y luego por región, siguiendo el esquema que detallamos a continuación.

Procedencia y origen
Para la legislación argentina, un viñedo puede estar plantado en una zona que se diferencia de otras. A ellas, reconocidas por su especificidad, se las señala según una Indicación Geográfica (IG) y son, por mencionar ejemplos, La Consulta, en Valle de Uco, Agrelo, en Luján de Cuyo, Cafayate, en Salta, o las recientemente aprobadas Zonda, en San Juan, y Paraje Altamira, en Valle de Uco. En este caso, el vino puede hacer uso de la IG que da origen a las uvas y mencionarla claramente en la etiqueta.
El asunto es que un vino puede hacerse con uvas de varias IG. En ese caso, la procedencia del vino es la que corresponde a la que reúne a esas IG. Por ejemplo: un Malbec con uvas de Gualtallary y La Consulta tendrá como procedencia el Valle de Uco, donde están ambas indicaciones geográficas. En cambio, si emplea uvas de Agrelo y Los Árboles, en Luján de Cuyo y Valle de Uco, respectivamente, la procedencia del vino es Mendoza. Y así, siguiendo el mismo razonamiento, si llevara uvas de más de una provincia, en la etiqueta se leería Argentina.
Ahora bien, ¿a qué se llama denominaciones de origen controladas o DOC, por sus siglas? Son indicaciones geográficas específicas que dependen de un consejo regulador para establecer qué tipo de vino se elabora allí. En el caso de Argentina, son pocas y muy distintas entre sí. Valga el ejemplo de Luján de Cuyo DOC: se emplea para variedad Malbec, cuya procedencia sea Luján, y cuya elaboración se ajuste a un rendimiento menor a las 10 toneladas por hectárea, con una crianza no menor a un año en barricas y el resto en botella, antes de salir a la venta. Así, de Luján de Cuyo Malbec DOC hay algunos ejemplares, como Luigi Bosca, Norton o Lagarde.
Otras DOC diferentes son San Rafael, que aplica a todos los vinos con procedencia de ese terruño que cumplan el amplio estándar del Consejo Regulador, y Valle de Cafayate, no regulada aún.

Acerca de la crianza
La legislación argentina reconoce algunos términos para describir la crianza, sin importar la edad del roble ni su origen. En cualquier caso, lo que hay que saber es:

Reserva se llama a todo tinto que haya tenido por lo menos un año de crianza en barricas de roble. Mientras que en el caso de los blancos, aplica solo a seis meses.

Gran Reserva se llama a todo tinto que haya tenido por los menos dos años de crianza, mientras que en blancos es solo un año.

Roble, en cambio, se aplica a todos los vinos que, sin tener crianza, llevan algún empleo de maderas, sean chips, duelas o innerstaves.

Es interesante observar que Argentina reconoce la diferencia entre crianza en barricas y el uso de maderas alternativas. La razón es simple: para el primero hace falta invertir más tiempo y esfuerzo que para los segundos. Y es bueno que el consumidor se entere así paga lo que corresponde.
Con este horizonte, quedan algunas singularidades del mercado argentino. Por ejemplo: hay marcas que llevan el nombre de una IG reconocida, como Perdriel o Vistalba, en manos de Norton y Bodega Vistalba, que no puede ser empleada por terceros. Al respecto, existe una polémica que, en el largo plazo, debería decantar hacia el uso mancomunado. El caso de Altamira, marca privada, y Paraje Altamira, IG aprobada para su uso, es demostrativo y reciente.

Varietal vs. Blends
En cuanto a qué es un vino varietal y qué un blend, la legislación argentina es bastante exigente. Un vino que lleve mención varietal —por ejemplo, Cabernet Sauvignon, Malbec o Chardonnay— debe tener al menos el 85% de esa uva en su composición, librando el resto al manejo enológico para completar el marco. Mientras que Blend, Assemblages y Coupages son aquellos vinos en los que ninguna uva alcanza el 85%.

Burbujas aparte
Gran elaboradora y consumidora de espumosos, Argentina tiene una nomenclatura mixta para llamar a sus burbujas. Primero, a diferencia de Francia o España, no tienen nombre propio y se los conoce como espumosos a secas. Segundo, y también en contraste con esos países, un dosaje de azúcar distinto, según este criterio: Nature, sin dosaje; Brut Nature, hasta 2 gramos de azúcar; Extra Brut, hasta 8 gramos; Brut, hasta 14 gramos; Demi Sec, hasta 25 gramos; Dulce, más de 25 gramos.

Con esta pequeña guía de uso para el consumidor —hay muchos más detalles, pero entraríamos en el árido terreno de los manuales, antes que en el del bebedor por placer—, ahora será más fácil saber qué esperar de los vinos argentinos al momento de elegirlos, ya que cuenta para cualquier lugar del mundo.

Por lo demás, el truco siempre será encontrar aquel vino que definitivamente enamore al paladar, más allá de lo que dicte la ley, los usos y las costumbres. Y si de enamorar se trata, Argentina tiene mucho para ofrecer a la hora de las copas. Es cuestión de dejarse seducir.

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