Terroirs argentinos: Perdriel, pasado y futuro en un mismo paño de vid

Terroirs argentinos: Perdriel, pasado y futuro en un mismo paño de vid

Ubicado en la margen sur del río Mendoza, en el departamento de Luján de Cuyo y a solo veinte minutos de la capital provincial, Perdriel es uno de los bastiones de la vitivinicultura argentina. Allí fue la principal actividad desde finales del siglo XIX, cuando la enología se concentraba en la ciudad de Mendoza y los viñedos en su periferia. Con viñedos y bodegas centenarias, a lo largo del siglo XX Perdriel se convirtió en el origen de grandes clásicos del vino argentino.

“El gran diferencial de Perdriel es su historia”, asegura David Bonomi, enólogo de Norton, bodega con 120 vendimias en la región. Y no se equivoca. Sin dudas, el principal patrimonio de Perdriel son sus antiguas viñas. “Aún existen viejas cepas de Malbec sobre pie franco, equilibradas, con poco vigor y gran calidad. Son parte de una población de vides que se formó a partir de plantas que los productores se compartían en otro tiempo”, agrega el winemaker para explicar cómo Perdriel forjó su propio destino hacia la calidad.

Gracias a esta historia y a la calidad de sus frutos, este distrito de Luján de Cuyo es uno de los autorizados para ostentar la Denominación de Origen Controlada departamental en las etiquetas de sus vinos.

Ubicación privilegiada

Entre los 950 y los 980 metros de altura, los viñedos de Perdriel ocupan una de las áreas más altas y frescas de Luján de Cuyo.
Al igual que en el resto de las regiones vitivinícolas de Mendoza, su clima es desértico y seco, con veranos cálidos e inviernos muy fríos. Pero un factor vital que define su clima es la cercanía del río Mendoza, que aporta una especie de corredor para el aire fresco que desciende desde la cordillera de los Andes.

Esta ubicación también ayuda a comprender la composición de sus suelos: aluviales y pobres en materia orgánica. En general, son franco-arenosos en la superficie con abundante presencia de canto rodado y rocas a partir de los veinte centímetros de profundidad, una característica que los convierte en ideales para el cultivo de cepas tintas, principalmente Malbec y Cabernet Sauvignon.

Un reino de tintos

Por clima, Perdriel es un paraíso para las variedades tintas, sobre todo Malbec y Cabernet Sauvignon. Según los expertos, el Malbec consigue una identidad singular, fácil de identificar. “Desde mi primera cosecha en Perdriel, me sorprenden los tonos florales del Malbec, en pocos vinos las violetas son tan nítidas”, comenta Bernardo Bossi Bonilla, enólogo de bodega Casarena; “además, la variedad logra un estilo propio, refinado y sutil, con buena carga frutal y acidez vivaz. Es un estilo clásico pero a la vez fresco”.

En cuanto al otro protagonista de la región, Cabernet Sauvignon, Gustavo Ursomarso, ingeniero agrónomo de Terrazas de los Andes, aporta: “Perdriel es un terruño estratégico que nos permite elaborar un Cabernet especial, de perfil rojo y frutal sin tanta presencia vegetal. Así logramos elegancia y tipicidad, pero también un estilo propio para nuestro Single Vineyard de Finca Los Aromos”.
Bonomi redobla la apuesta: “Después de elaborar microvinificaciones con los Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc de Perdriel, llegamos a la conclusión de que estas cepas pueden lograr incluso una calidad mayor que el Malbec. Sin embargo, para nosotros es un terruño ideal para vinos de corte”.

Las variedades blancas, menos ponderadas, también ofrecen buenos resultados. Con viejos viñedos de Semillón y Chardonnay, hay vinos en el mercado que dan buena cuenta del terroir. Pedro Rosell, reconocido enólogo a cargo de la champagnera Cruzat, sostiene que, para el Chardonnay, “Perdriel aporta excelentes frutos para los vinos base de nuestros espumosos, por la buena acidez y madurez que logramos gracias a la altura, los suelos franco-arenosos y profundos y el clima fresco de sus noches”.

Descubrir Perdriel

Hay muchas etiquetas elaboradas en Perdriel. Si de conocer el sabor del terruño se trata, lo ideal es probar Malbec, cuya comparación con otras regiones es más sencilla. Por ejemplo, Achaval Ferrer Finca Bella Vista 2011, con un estilo sofisticado y vivaz; o Finca Perdriel Colección 2009, una versión clásica y tradicional del terroir. Si la intención es conocer el perfil más moderno, Casarena Jamilla’s Single Vineyard 2011 es la botella más indicada.

En cuanto a Cabernet Sauvignon, cabe destacar Terrazas de los Andes Single Vineyard Los Aromos 2009 y Punto Final 2013. Para vinos frescos, en cambio, los espumosos clásicos de Bodega Cruzat son otra gran apuesta. O bien, Perdriel Sauvignon Blanc 2014.
Luego de beberlos, una cosa quedará clara: en materia de vinos argentinos, el pasado es la semilla para el futuro. Y Perdriel, la tierra perfecta poco conocida entre ellos, que vale la pena conocer.

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