Tintos argentinos. Argentina, conocida por sus emblemáticos tintos, ha encontrado nuevas formas de expresión en el arte del vino. Además del Malbec, la industria vitivinícola argentina se está reinventando, impulsada por la curiosidad y la innovación. En los últimos años se ha visto un crecimiento notable en la producción de vinos de cabernet franc y pinot noir, que ya son nuevos referentes en el país. Además, la viticultura orgánica y biodinámica han abierto caminos hacia vinos más frescos y auténticos, en sintonía con la naturaleza.
Este resurgimiento de estilos no sólo habla de diversidad, sino también de un compromiso con la sustentabilidad y la búsqueda de sabores más puros. Argentina sigue marcando tendencia en el panorama mundial del vino.
A continuación repasamos 5 tendencias en tintos argentinos, de las muchas que están en pleno desarrollo en las bodegas y viñedos argentinos que no podes dejar de probar.
Tintos argentinos: la solidez de los bordeaux blends argentinos

Tintos argentinos. Desde hace décadas, los bordeaux blends argentinos han ganado protagonismo en el escenario internacional, fusionando técnicas tradicionales francesas con la singularidad de los terroirs andinos. Estos ensamblajes, que en un inicio emulaban los clásicos bordeleses, pero con cabernet sauvignon, malbec y merlot, han evolucionado con un giro local. Hoy, el malbec es el corazón de estos vinos, secundado por cabernet sauvignon y, en ocasiones, cabernet franc.
El resultado suele ser un tinto de taninos suaves, buena estructura y profundidad aromática, que refleja la maestría de los y las winemakers de Argentina. Con un equilibrio entre tradición y modernidad, estos vinos no sólo han afianzado su prestigio mundial, sino que también se han convertido en nuevos íconos de la vitivinicultura argentina y entre ellos se destacan Cheval des Andes, CaRo, Flecha de los Andes Gran Corte y Trapiche Iscay.
Tintos argentinos: sin sulfitos, sabor en estado puro
En Argentina, los vinos sin adición de sulfitos están ganando protagonismo, destacándose como íconos de innovación en la vitivinicultura nacional. Esta tendencia responde a un creciente interés por métodos de vinificación más naturales y con mínima intervención, donde el respeto por la fruta y el terroir se convierte en el foco central. Los y las productoras de estos tintos, destacan que la ausencia de sulfitos resalta la pureza de los aromas y sabores.
En este sentido, para lograr vinos francos, productoras y productores deben dominar técnicas rigurosas de higiene y control para asegurar vinos estables, frescos y sin oxidación. Estos vinos reflejan una fusión perfecta entre naturaleza, artesanía y la creciente demanda por productos más transparentes como Thibaut Delmotte Malbec Natural, Krontiras Malbec Natural, El Burro Malbec de San Julia, Mauricio Lorca Blend Natural de Malbec y Cabernet, y BenMarco Sin Límites Malbec Orgánico de Susana Balbo Wines.
Criolla chica: la joya del pasado que deslumbra a las nuevas generaciones
La uva criolla, históricamente subestimada, ha encontrado una nueva vida en la vitivinicultura argentina, posicionándose como un ícono en el panorama internacional. Esta cepa, que no es ni más ni menos que la Listán prieto traída en el siglo XVI desde España, ofrece vinos ligeros y frescos, con aromas a frutas rojas, tierra húmeda y un sutil toque herbal. Los y las winemakers han perfeccionado las técnicas de vinificación, destacando su capacidad para producir tintos delicados, comparables en estilo con algunos pinot noir.
Este reciente enfoque ha permitido que la criolla chica resurja, ganando reconocimiento global y reflejando el compromiso de Argentina por diversificar su oferta de vinos, manteniendo su identidad. Etiquetas para enamorarse de estos vinos son Lagarde Criolla, Cadus Appellation Tunuyán Criolla Chica, Proyecto Las Compuertas Criolla, Kung Fu Criolla Sin Sulfitos de Matías Riccitelli y Roca Madre Criolla de Finca Suárez.

Maceración carbónica: el secreto detrás de los tintos más frescos de Argentina
En Argentina, los tintos de maceración carbónica, elaborados con malbec y bonarda, están ganando terreno como una expresión innovadora de la vitivinicultura local. Este método, inspirado en los vinos de Beaujolais, Francia, permite obtener vinos frescos, vibrantes y frutales, con taninos suaves y baja acidez, cualidades que atraen a un público joven en búsqueda de nuevas experiencias.
La maceración carbónica permite a las bodegas argentinas crear vinos únicos, destacando la riqueza frutal del malbec y la bonarda. Estas variedades, tradicionales en el país, están cobrando una nueva vida a través de esta técnica en vinos como Vinyes Ocults Malbec Cot Maceración Carbónica, Perlas del Callejón Malbec Maceración Carbónica, Tintillo Malbec Bonarda y Sobrenatural Bonarda de Chakana.
Garnacha en Argentina: un ícono emergente
En los últimos años, la garnacha parece haber encontrado en Argentina un nuevo hogar entre los tintos argentinos, despertando el interés de winemakers y público por igual. Este varietal, históricamente vinculado a España y Francia, está cobrando protagonismo en regiones como el Valle de Uco y los Valles Calchaquíes. Caracterizada por su frescura y notas frutales, la garnacha ha demostrado una notable adaptabilidad al terroir argentino, ofreciendo vinos ligeros y elegantes, ideales para climas cálidos y viñedos de altura.
Con técnicas de vinificación orientadas a resaltar su vivacidad y complejidad aromática, la garnacha está ganando prestigio internacional, consolidándose como una nueva estrella en la vitivinicultura argentina gracias a vinos como Luigi Bosca Apuntes Grenache, Tigerstone Garnacha de los Valles Calchaquíes, Ruca Malen Capítulo Dos Garnacha y Ver Sacrum GSM que combina esta cepa con Syrah y Mouvedre al estilo Rhone.