Vino argentino: un abrazo a la distancia

Malbec argentino para regalar

Faltaban dos días cuando me acordé. ¡El cumpleaños de Hayley! Desde que se fue a la universidad me cuesta recordarlo. Antes siempre hacíamos fiestas en su casa. Venían los de la escuela, y los padres de Hayley se iban para no molestarnos. Yo me quedaba a dormir y pasábamos el día siguiente juntas, contándonos todo sobre la noche anterior… ¡ja! Pero ahora era distinto, porque estaba lejos, la extrañaba casi tanto como a Hamilton en Broadway, y no sabía qué regalarle. Además, ella siempre me mandaba muchas cosas hermosas. Tenía que cumplir.

OK, let’s see, me dije. Primero pensé en ropa. Enseguida me arrepentí. Había que saber qué prenda quería, encontrar el talle, encargarla y que, además, le quedara bien. Mmm, mejor no, porque estando tan lejos no sé ni qué necesita. ¿Una gift card? Nah, ¿dónde está el alma de eso? Es como regalar un cartón. Super impersonal. Una taza de alguna serie o película, tal vez… Meh, tampoco; en el campus deben estar tapados de esas cosas. Tiene que ser algo lindo, que la movilice y que nos represente. Un abrazo a la distancia. 

Hacía bastante que no hablábamos, así que seguro creía que me iba olvidar del cumple. Pero no: la iba a sorprender. Con Hayley compartimos muchos gustos, aunque ella siempre fue más chill, menos inquieta. Le gustaba estar con sus gatos, tomar café y pasar laaaargas horas escuchando música y leyendo. Solo con eso era feliz. Obvio, se me ocurrió regalarle un libro, pero con todo lo que estudia, lo va a leer cuando se gradúe. ¿Qué hacer? La respuesta llegó desde el lugar inesperado: papá (WTF?!). Papá me sugirió que le regalara un vino. ¿Un vino? ¿Un Malbec argentino para regalar? ¿Pero cuál?

—Sí, un vino, un malbec argentino para regalar es perfecto. Es rico, es elegante, es delicado y puede ser a medida. 

Me dejó pensando. A mí, además de lo que él dijo, la idea del vino me pareció práctica. El reloj corría y tenía que comprar algo ya. Me decidí: esa noche googleé a ver qué encontraba.  ¿Por dónde empezar? Al principio los resultados me abrumaron. Decenas de botellas de distintos colores, etiquetas y sabores, con precios de todo tipo. Un malbec argentino para regalar era demasiado; un universo completamente nuevo. Ok, vamos despacio; tomé aire y me enfoqué. Una cosa a la vez.

Primero busqué algunos tips sobre cómo elegir un vino. Así aprendí que para las fiestas, por ejemplo, son más adecuados los espumosos, y que los vinos blancos son refrescantes y se pueden tomar bien fríos, incluso con algunos cubos de hielo. Ajá… No es el perfil. En cambio, el tinto es perfecto para acompañar una cena, leer un libro o compartir un momento con alguien. Hasta para un Zoom… Ok, esa versatilidad me gustó.

Un tinto estaría bien, me dije después de investigar un poco. Parece algo íntimo. Sí, imagino a Hayley girando su copa mientras prepara un examen importante, perdida entre pilas de papeles y marcadores de colores. Será ese, entonces. Pero quería que fuera no sé si exótico, pero sí original. Seguí leyendo. Internet recomendaba vinos de Francia, España, Italia, Argentina. 

Un malbec argentino para regalar, pero ¿cuál?

¿Argentina? Qué raro. Su principal vino es tinto, se llama «Malbec» y tiene aroma frutal, como de cereza o frutilla, decía junto a la foto de un viñedo que terminaba en una gran montaña nevada, rodeada por otras más chicas. El lugar se llamaba «Mendoza». 

Bien, esto se va poniendo interesante. Por varios motivos: ese paisaje me deslumbró. Pero además la palabra cereza me hizo acordar a los muffins con frutos rojos que compartimos con Hayley más de una vez en Nueva York. Amo esas meriendas en Eileen’s special cheesecake, un poco más allá de Little Italy. Me quedé pensando: ¿se podrá comer algo dulce con un vino rico? 

Por eso volví a la web. Escribí «Malbec Mendoza» y el buscador arrojó como primer resultado Wine.com, una tienda online. Apenas hice click se desplegó una lista lleeeenaa de botellas de Argentina, todas ellas de «Malbec» de «Mendoza».  Había tantos precios y etiquetas como te puedas imaginar, pero al menos ahora sabía que tenía algo bueno entre las manos. Enseguida ordené el listado por precio, y empecé a revisarlo. 

Me sorprendieron varias etiquetas de malbec argentino para regalar. Elegí las que más me gustaron y las separé. Había una que parecía un sueño: Krontiras Malbec Natural; otras, Norton Reserva Malbec o Trapiche Oak Cask, eran tan clásicas como mi papá; algunas mostraban herramientas, como esa que se llamaba Benmarco Sin Límites Malbec o aquella otra, con un arbolito colorido, Serbal Malbec.  

Ok, ya estaba cerca. Revisé una vez más el listado, armado a golpes de intuición. Justo en ese momento maulló Cookie, mi gatita, y tuve que darle de comer. Cuando volví a la pantalla, dije listo: me decidí. Seguro que a Hayley le gustará. Cargué los datos de mi tarjeta, la información de entrega con la dirección de la universidad y me fui a dormir.

Pasaron los dos días. Ya estaba por olvidarme otra vez del cumpleaños de Hayley, cuando me sorprendió una notificación suya en Instagram. Era una foto. En ella, mi amiga sostenía una copa de vino rojo oscuro, mientras brindaba apuntando a la cámara. “Gracias, dear friend, por el regalo. Miss u”, decía el post. En ese momento sentí una felicidad inmensa y muchas ganas de abrazarla. La extrañaba taanntoo… 

Malbec argentino para regalar

Me quedé con ganas de probar el vino. Pero sobre todo me quedé con ganas de saber. Ahora que lo pienso, hay una vinería por la que pasé muchas veces, camino al subway. Voy a ir para averiguar sobre vinos argentinos… Creo que hay un mundo seductor ahí que me intriga. Quiero descubrirlo. 

Ah, ¡llegamos charlando hasta acá y no nos presentamos! Soy Nicole, aunque todo el mundo me dice Nicky. De a poco nos vamos a ir conociendo… De hecho, quiero saber: a vos, ¿también te da curiosidad el vino argentino?

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