Rarezas argentinas de ayer y hoy

Rarezas argentinas de ayer y hoy

El mundo del vino es complejo. Cuando uno cree conocer todo, siempre puede aparecer algún ejemplar sorprendente. Como prueba de esto, basta observar lo que les sucedió a muchos de los sommeliers que arribaron a Mendoza para participar del concurso que eligió al Mejor Sommelier del Mundo 2016. A cargo de algunas de las cartas de vino más importantes del planeta, estos profesionales conocían muchos vinos de Argentina antes de pisar los viñedos mendocinos. Como era de esperarse, la mayoría de las etiquetas que tenían en mente eran de Malbec. Y fue justamente por esto que se sorprendieron al descubrir la diversidad de cepas y estilos que el país ofrece en la actualidad y la larga tradición de nuestra industria vitivinícola.

Pero estos expertos de la degustación y el servicio tienen debilidad por los vinos más singulares y curiosos, aquellos que suelen asombrar incluso a los conocedores locales. Porque en el ámbito profesional del vino dar con rarezas es como hallar los tesoros de la ciudad perdida de El Dorado. Y, por esto mismo, muchos se fanatizaron con algún blanco de Malbec; otros, con los Sauvignon Blanc fermentados en vasijas y con algunas reliquias descorchadas en las bodegas que visitaron.

Sin embargo, lo que muchos de ellos no saben es que los winemakers locales les reservaron varios ases bajo la manga para impresionarlos en el próximo encuentro. Vinos que ponen en evidencia que, por estas latitudes, la creatividad enológica está a la orden del día en etiquetas que pueden desvelar a los paladares más curiosos con propuestas que más de uno desearía sumar a sus cartas. Conozcámoslas.

Vinos autóctonos. Más allá del Torrontés, en Argentina no existe otra vitis vinífera nativa. Por lo tanto, el fenómeno que tuvo lugar en los países europeos a partir de la puesta en valor de cepas autóctonas aquí se lleva a cabo con la recuperación de variedades que supieron ser populares durante gran parte del siglo pasado y que el tiempo dejó a un lado. Los que dieron el puntapié local a este movimiento fueron Sebastián Zuccardi y Francisco Bugallo cuando rescataron un antiguo parral del Valle de Calingasta, paraje ubicado a 1.500 metros de altura en la provincia de San Juan. De ese viñedo extremo obtienen las uvas para las tres etiquetas del proyecto Cara Sur, cuyos vinos son celebrados por los fanáticos de las rarezas. Elaboran Bonarda, Criolla y Moscatel Tinto, los cuales vinifican en huevos de hormigón y maduran en barricas usadas para obtener tres tintos ligeros y vibrantes de perfil gastronómico. En Mendoza, Bodega Pumalek reivindica el Lambrusco, cepa preferida de los inmigrantes italianos que ayudaron a desarrollar la industria vínica local a partir de 1900. Como dato curioso, cabe destacar que producen un tinto tranquilo, Fortunato Lambrusco Grasparossa, y un espumoso Brut Rosé, dos vinos muy singulares que cautivan con personalidad. Mientras tanto, en blancos este papel lo cumplen los vinos de Chenin Blanc, varietal preferido de los argentinos hasta la década de 1980 y que hoy rescatan Andrea Mufatto y Gerardo Michelini, en su JiJiJi Chenin Blanc, y los productores de San Rafael Jean Rivier y Alfredo Roca, en sus varietales frescos y expresivos.

El misterioso Trousseau. Hasta hace unos años, el Trousseau era un varietal muy poco conocido en el mundo. Sin embargo, la reivindicación de algunos vinos históricos europeos le dio una nueva oportunidad y se convirtió en una cepa que marca tendencia entre los wine lovers experimentados. Incluso la segunda entrega del documental Somm: Into the Bottle dedica varios minutos a sus vinos, ya que cautivan especialmente a los sommeliers de Nueva York. Para sorpresa de muchos, en Argentina existe un puñado de hectáreas con este varietal en la provincia patagónica de Río Negro. Es un antiguo viñedo de 1932 que Bodega Aniello rescató para elaborar un curioso tinto cuyo estilo se asemeja a los vinos del Jura y cuyas botellas son rastreadas por expertos desde que se corre el rumor de su existencia. No hubo Master of Wine o crítico internacional que no haya pasado por la bodega sin elogiarlo. Pero no es el único: a pocos kilómetros, Marcelo Miras produce el suyo y lo embotella como Miras Jovem Trousseau Nouveau, un vino sutil y vibrante como los producidos en Beaujolais.

Sabores del Ródano en Mendoza. Los viñedos mendocinos albergan una gran diversidad de cepas y, entre ellas, varias curiosidades. Hoy muchos hablan de las pocas plantas de Grenache, o Garnacha, y Mourvèdre, también conocida como Monastrell, que cubren suelo cuyano. Estas cepas, muy populares en España y en las laderas del Ródano, tienen como particularidad que se adaptan muy bien a los climas cálidos, y el hecho de que no se extendieran en los viñedos argentinos siempre fue un interrogante sin resolver. Como varietales, solo los embotella Eduardo Soler en su bodega Ver Sacrum. Se trata de tintos con carácter de paladar suelto y fresco. Las uvas provienen de un viejo viñedo de Barrancas, Maipú, donde también cultiva el Syrah con el que completa el blend de su tercer vino, Ver Sacrum GSM, sigla con que se identifica en el mundo a los tintos de corte elaborados a partir de este trío típico del Ródano. A esta fórmula también recurre Madaiah Revana en su Corazón del Sol Luminoso GSM Blend, otro tinto sorprendente de estilo intenso debido a la juventud de las viñas que dan vida a sus frutos en Valle de Uco. Por último, la familia Mayol cuenta con un blanco de Garnacha Blanca que transita con bajo perfil la góndola y se convierte en un preciado trofeo de quienes gustan llenar sus copas con extravagancias.

Si bien estas etiquetas pueden parecer revolucionarias, más de uno se va a sorprender al saber que son solo algunas de las curiosidades que la vitivinicultura argentina se reserva para demostrar que siempre quedan vinos para asombrar incluso a los más expertos.

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