Por qué guardar vinos argentinos añejos

vinos argentinos añejos

¿Existen vinos argentinos añejos?

En el mundo hay muchos vinos que se pueden guardar, aunque sólo unos pocos tienen la fama suficiente como para que los compradores estén dispuestos a aplazar la sed. Sucede con los Barolos en el Piamonte y los Bordeaux blend del Médoc, por ejemplo, que a lo largo de los últimos dos siglos dieron muestras de vivir largamente.

¿Pero qué sucede con otros estilos y regiones? En rigor, el prestigio de los productores, y de los terroirs, depende de la capacidad de guarda de los vinos. El problema es quién está dispuesto a esperar cuando esas credenciales no están del todo claras.

Es un dilema difícil de resolver, una suerte de paradoja como la del huevo y la gallina. Sin embargo, algunas cosas están cambiando en Argentina y la solución parece estar más cerca.

Investigar como garantía

Una de las maneras en la que los consumidores pueden estar dispuestos a invertir en botellas a futuro es que haya una garantía sobre el resultado. Con esa premisa, en el Catena Institute of Wine (CIW) empezaron a trabajar sobre una serie de ensayos en 2010. La idea era buscar que la ciencia pudiera refrendar el potencial de guarda.

Ese año embotellaron 42 muestras de Malbec, 26 de diversos viñedos de Mendoza y otros 16 de California. La idea era establecer una comparación con vinos testigos para poder estudiarlos. Los guardaron en una cava en los laboratorios de la prestigiosa U.S. DAVIS y a los cinco años analizaron las primeras muestras empleando cromatografías. Luego volvieron a chequearlos a 7 años y a los 10. 

“Lo más sorprendente es que los Malbec de Mendoza no perdieron su distinción frente a California”, apunta Fernando Buscema, director del CIW. Mientras que en las generales de la ley los dos vinos evolucionaron bien, los argentinos no sólo no perdieron su carácter: “El número de compuestos volátiles con posibilidad de generar aromas se mantiene más alto en Mendoza que en California, sugiriendo que la complejidad de los vinos cuyanos permanece más alta que la de sus pares del norte”, dice.

En particular aludía a la beta y la alfa iononas, ni más ni menos que el aroma de violetas que es tan característico del Malbec en ciertos lugares de Mendoza. El trabajo de CIW aún está en proceso de publicación, pero que el vino conserve su terruño al cabo de una década es valor suficiente para una apuesta que debería tentar a los coleccionistas.

Las colecciones de vinos argentinos añejos

Claro que no todos los estilos de vinos tienen potencial de guarda. En los últimos años, por ejemplo, hemos podido probar varias botellas desde la década de 1970 a la fecha y algunas realmente están en perfectas condiciones. Particularmente las de las décadas de 1970 y 1980 –como Norton Malbec 1974, el primer Malbec exportado; Caballero de la Cepa Cabernet Sauvignon 1978; Weinert Reserva Especial 1977, Trapiche Medalla 1982, Weinert Gran Vino 1983, Lagarde Malbec 1985 y Bianchi 1987–, cuando las bodegas argentinas buscaban estilos menos opulentos.

En ese sentido, los Malbec de la década actual recogen ese guante. Más precisos en madurez, menos apaleados con las exigencias de la crianza y por lo tanto menos oxidativos, ofrecen perfiles que permiten soñar con guardas más largas. Como sucede con las grandes regiones del mundo en materia de vinos longevos, lo importante es dar con el estilo justo. 

El enólogo italiano Alberto Antonini, al frente de Alto Las Hormigas, trabaja sobre esta hipótesis: “Los vinos de lugares con mucha luz y baja humedad logran buena madurez de taninos, pero tienen una tendencia a envejecer más rápido en botella”, dice, por lo que requieren una enología distinta, más protectiva, contraria a la que demanda el mercado, con recipientes que sumen menos oxígeno.

“La barrica es un recipiente fantástico y que funciona muy bien en Burdeos –explica Antonini– pero aquí hay que preservar al máximo el vino para no acelerar el envejecimiento”.

Regiones más frescas se suman esta enología cuidada. La enóloga y bodeguera Susana Balbo lo pone blanco sobre negro: “En la medida en que los terruños del Valle de Uco combinan frío y carbonatos de calcio en el suelo, el balance de acidez es cada vez más fino,” sostiene. Y ahí se ajusta una variable más: la del balance, que es pieza clave en la longevidad de los vinos.

Así las cosas, una camada de vinos de guarda hoy tiende puentes con el pasado, cuando las elaboraciones apuntaban a modelos menos extractivos. Si se atan esos cabos junto con los resultados en materia de investigación, la pregunta acerca de por qué guardar vinos argentinos comienza a tener una respuesta más precisa. 

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