Día del Vino Caliente: secretos de un elixir contra el invierno

Día del vino caliente

¡Hola, holaaaa, winelover! Acá Nicky transmitiendo en vivo desde un escritorio estallado de libros, papeles y cuadernos. Sí, se me dio por ordenar y me cansé cuando llegué a la mitad, como siempre. Ahora todo está peor. Ni siquiera Cookie, mi gatita, se anima a aparecer. ¡Qué cobarde! No importa: yo me entiendo en mi caos. Mientras recobro fuerzas para volver a la batalla, aprovecho y te cuento algo. 

En el último post hablé sobre la vendimia, esa fiesta maravillosa donde las y los argentinos celebran el vino y todo lo que lo rodea. Hoy, siguiendo el camino de la vid y las fechas, te invito a sacar tu caldero de pócimas y sumarte a esta aventura. 

Ok, no vamos a hacer brujería ni intentar entrar a Hogwarts, ya lo adelanto, pero algo de magia hay. 

Resulta que el 3 de marzo es el Día del Vino Caliente, ¿lo sabías? Bueno, yo tampoco: lo aprendí hace poco. Vení que te explico. 

Día del vino caliente

Día del vino caliente, la preparación

Antes que nada, lo aclaro: el vino caliente no es vino que se sirve hervido o después de dejar la botella muchas horas debajo del sol. 

Cuando hablamos de vino caliente nos referimos a una preparación; una suma de ingredientes que tiene como protagonista principal al -redoble de tambores, por favor-… ¡vino!

Pero no a cualquier vino. Puede ser blanco, aunque en general se usa más el tinto, en lo posible uno ligero y frutado. Tenemos que evitar aquellos que sean robustos y de mayor añejamiento. Eso es lo ideal. 

Para empezar, te dejo algunas recomendaciones de mis botellas argentinas favoritas para esta alquimia, así te podés equipar:

Si lo queres de Malbec, una opción es el Doña Paula Estate, también podría ser Pinot Noir y para eso, elegí un Saurus de la bodega patagónica Familia Schroeder; o un Alfredo Roca Fincas si preferís un Cabernet.

Con una de esas etiquetas ya tenés la base. Lo divertido de esto es mezclar la bebida con nuestro especiero diario, el que usamos para preparar platos coloridos y llenos de sabor. Sí, porque además podemos usar ingredientes como cáscaras de naranja, clavo de olor, anís estrellado, nuez moscada y menta, por ejemplo.

También se le pueden agregar hierbas de distinto tipo y hasta miel. Usá la imaginación, pero siempre buscá asesoramiento: el vino es una compañía tan gratificante como delicada, y una elección errada puede arruinarnos el evento.

Día del vino caliente

Historia del vino caliente

Enseguida vuelvo a la receta. Antes, un poco de historia para celebrar el Día del Vino Caliente. Los primeros antecedentes datan del siglo I, cuando las legiones romanas empezaron a prepararlo a lo largo del Imperio, es decir, por toda Europa. Prácticamente nos acompaña desde que concebimos al mundo como tal (nota mental: volver a ver Gladiador). 

Con el paso del tiempo, distintos reyes, religiosos y militares fueron popularizando el vino caliente en los territorios que gobernaban, como en un Game Of Thrones de la vid. Poco a poco dejó de ser un manjar de la aristocracia para estar al alcance de todas y todos. Actualmente sigue siendo una bebida muy importante y muchos países tienen sus propias recetas y tradiciones y por eso se celebra el Día del Vino Caliente.

Los pueblos escandinavos, por ejemplo, le dicen «Gröll» y lo usan como un arma vikinga para combatir las temperaturas bajo cero del invierno. Qué genial, ¿no? También se lo prepara mucho allí en Navidad, para acompañar frutos secos o bebidas. 

Si vamos a Alemania, en cambio, le diremos «Glühwein» y «Vin Chaud», en Francia. Pero basta de palabras: volvamos a la acción.

Día del vino caliente

A fuego lento

Bueno, tenemos nuestra botella. Volcamos la mitad en una olla y dejamos que se caliente a fuego lento. Mientras, le damos play a Gasoline, de The Weeknd. Esto es obligatorio y muy importante ;). 

Con el vino calentándose, nos ponemos el traje de druida e invocamos a nuestro arsenal de especias para darle forma a este bálsamo anti invierno. 

Acá viene la magia: echamos dos clavos de olor, una rama de canela, un anís estrellado, cáscara de naranja y dos buenas cucharadas de azúcar, ¿ok? 

En este punto es importante prestar atención, porque la preparación no puede hervir. Si lo hace, el alcohol se evapora y habremos perdido todo lo que hicimos hasta acá.

Ya entramos en el sprint final, padawans. Revolvemos lentamente con una cuchara de madera, evitando que el azúcar se caramelice, y vamos viendo cómo nuestra preparación toma forma. 

Cuando notamos que está por hervir, apagamos el fuego y colamos la bebida. ¡Listo! Tenemos nuestro vino caliente a punto, justo para acompañar una serie, una peli o un buen libro mientras festejamos el Día del Vino Caliente.

Ah, sí: recordá servirlo en tazas de té y acompañarlo con galletas y frutos secos o chocolate amargo. Cualquiera de esas opciones es un gran match para esta bebida. 

Así hacemos nuestra entrada triunfal en la historia grande de esta ingesta milenaria. Y si no te salió como esperabas, no hay problema: todavía tenés media botella para volver a probar. ¡Vamos, que es fácil!

Contame, ¿qué le ponés? Acordate de jugar con sabores y colores. Cuando sea una maestra de pociones, hago un tutorial y comparto mis conocimientos junto al caldero burbujeante. ¡Saludos y hasta la próxima! 

Te invito a leer sobre la vendimia en Argentina: https://blog.winesofargentina.com/es/destacadas/fiesta-de-la-vendimia-2022/

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