Tucumán: cuna de la patria, cuna de buenos vinos argentinos

Tucumán

Con su corazón en el Valle Calchaquí, la provincia argentina de Tucumán tiene el foco de su producción vitivinícola en las localidades de Amaicha del Valle y Colalao del Valle, en el departamento de Tafí del Valle. Son unas 128 hectáreas que representan el 2% de la región norte del país y un 0,07% de la superficie cultivada de la Argentina; unos 19 emprendimientos vitícolas que conforman la ruta del vino tucumana a lo largo de 100 kilómetros, ascendiendo por la Ruta Provincial 307 hasta donde se cruza con la Ruta Nacional 40. Los vinos de altura de esta provincia son de los más potentes, con vides ubicadas entre 1690 y 2230 msnm.

Tucumán: el valor de la historia

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La altura, la amplitud térmica -que puede llegar a 20 grados de diferencia entre el día y la noche-, su suelo permeable y profundo, su extensa heliofanía y sus pocas lluvias son el combo ideal al que se suma “la influencia de aromáticas del lugar, como jarillas, lavandas y paicos, entre otras, que se adhieren a la pruina en época de cosechas y brindan aromas y sabores del cerro”, indica Silvia Gramajo, propietaria de Bodega y Viñedos Luna de Cuarzo y presidenta de la Cámara de Bodegas y Viñedos de Tucumán.

“Situada al oeste de la provincia, a lo largo de la mítica Ruta 40, en el Valle Calchaquí, junto a su historia tradicionalmente caracterizada por los pueblos originarios, es acá donde encontramos la ruta del vino tucumana”, comenta Josefina Carro, socia gerente de Bodega Río de Arena y vicepresidenta de la Cámara de Bodegas y Viñedos de Tucumán, respecto de esta región donde los suelos se caracterizan por el sílice y el cuarzo y donde se pueden encontrar vinos caseros, artesanales y también grandes producciones.

Y no sólo de probar vinos se trata: los turistas también pueden visitar los importantes sitios arqueológicos y culturales de la región, que albergan los tesoros de los pueblos del Pichao, las Ruinas de CondorHuasi, Talapazo y la Ciudad Sagrada de Quilmes.

El Torrontés, la estrella

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En este entorno extremo de Tucumán, la variedad estrella es la torrontés, que se expresa versátil en todas sus formas; se puede encontrar tanto en vinos tardíos como en secos, así como en blends, generando infinitas posibilidades. “Es el varietal característico de la zona, siendo una cepa que se da principalmente en la Argentina. Es un cruce de la moscatel de alejandría y la criolla chica. De hecho, se han encontrado fósiles en otros lugares del mundo de esta variedad, pero se la produce sobre todo en la Argentina y se da en mayor medida en el norte del país, en nuestro emblemático Valle Calchaquí”, añade Carro.

Desde luego, las condiciones proponen vinos aromáticos, intensos, con taninos presentes en el caso de los tintos. “Son vinos de altura, estructurados, con la impronta típica calchaquí. Los varietales de la zona son: malbec, cabernet sauvignon, tannat, shiraz, cabernet franc y se está probando algo de riesling también”, enumera Delia Cristina Díaz, brand ambassador de Altos La Ciénaga.

Como en cada región vitivinícola de la Argentina, nos encontramos con subzonas que se destacan. Según Gramajo, “la mejor región es Colalao del Valle, por la versatilidad de los suelos y la capacidad de manifestarse a la orilla del Río Santa María. Si bien es un valle muy alto, allí se dan intensos tannat y syrah en pequeños viñedos. Creemos que a más altura, más expresividad, sobre todo cuando los vientos son acordes; sin embargo, es un área en desarrollo todavía”.

Díaz coincide, y agrega: “Nuestros vinos provienen del Paraje La Ciénaga, que se encuentra a 28 km al SE de Colalao del Valle, con una altitud de 2300 msnm. En nuestro caso, decimos que son vinos de terruños extremos, donde clima, suelo y la mano del hombre se conjugan para obtener frutos de gran calidad y de una gran sanidad”.

Mucho por descubrir

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No obstante, Tucumán es aún una provincia que está descubriendo sus lugares productivos y sus diferencias. “Por ejemplo, en El Bañado, la zona donde se encuentra nuestra bodega Río de Arena, hemos descubierto a lo largo de los años que se da muy bien el torrontés con plantas de más de 45 años. Así como también se da muy bien el malbec, mientras seguimos investigando nuevas cepas”, comenta Carro.

Es en este contexto de desarrollo es que esta provincia cuenta con la Cámara de Bodegas y viñedos de Tucumán, que tiene como objetivo “visibilizar nuestra actividad, dar a conocer nuestros vinos y comercializarlos de manera más proactiva. El  Instituto de Desarrollo Productivo, IDEP, y el área de Turismo de la provincia nos acompañan en este proceso”, explica Carro, y agrega: “Apostamos a la actividad y estamos dispuestos a formarnos para mejorar nuestra producción así como nuestros resultados”.

No obstante, “la falta de agua y las heladas del 2022 aún afectan a los productores”, observa Díaz, que pone el acento en que la provincia tiene una gran cantidad de productores pequeños que requieren del soporte de las entidades locales para crecer.

“Las nuevas autoridades asumieron con la promesa de incluir la actividad como necesaria en un plan estratégico de la producción. Apostamos a continuar con viñedos sustentables, orgánicos, con vinos de gran calidad, de extrema altura y a posicionarnos como una nueva Indicación Geográfica dentro del Valle Calchaquí”, concluye Gramajo a modo de reflexión sobre una provincia con la riqueza de un paisaje único, un clima ideal para el cultivo y su esencia de vinos de altura que tiene mucho para mostrar.

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