Maipú, Mendoza: una visita increíble a la cuna del vino

Bodegas en Maipú

¡Hola, hola! ¿Cómo están, winelovers? Aquí Nicky en mood Mendoza, reportando desde el invierno argentino. Miro las montañas nevadas y me siento dentro de un sueño. Del Central Park a Los Andes, sin escalas. Un plot twist genial. 

Es mi lugar en el mundo. Todo acá gira alrededor del vino: los bares, los restaurantes, las ferias, los eventos, ¡hasta los amigos! Bueno, al menos los míos… ¡je! 

Después de recorrer por mi cuenta algunas bodegas de la ciudad, Juli me llamó. «Nicky, el fin de semana nos vamos a visitar bodegas en Maipú», me dijo. Apenas me contó, fui corriendo a googlear. Maipú es conocida como la «Cuna del vino», porque ahí se instalaron los primeros productores argentinos en el siglo XIX. 

Bodegas en Maipú, un recorrido

Actualmente, algunas de las bodegas más importantes del país están en esa región. Por eso, es un lugar imperdible y lleno de historia. Lo mejor: llegás en solo 15 minutos desde Mendoza y ¡hasta existe una ciclovía para recorrer Maipú!

Bodegas en Maipú

Bodega López 

Juli y Tomás me pasaron a buscar por el hotel. En el camino me convidaron tortitas (celestiales) con mate… bebida a la que creo que tengo que darle otra oportunidad. Ok, ¡mejor me focalizo en el vino!

La primera parada de nuestro itinerario por las bodegas de Maipú fue la bodega López, una de las más grandes e importantes del país. Fundada en 1898, es pionera total. 

Enseguida me impactaron su tamaño y su belleza; una finca enorme, con un frente muy bonito, rodeado de jardines llenos de flores y colores. Eso no fue nada: lo que hay adentro es todavía mejor. 

Durante la recorrida conocimos las distintas áreas de producción y añejamiento, salas llenas de toneles gigantescos donde el vino se pone a punto. 

También tiene un museo espectacular -un verdadero trip por la historia del lugar y de la familia- y el restaurante «Rincón de López», donde se pueden comer platos regionales y maridarlos con copas y botellas de la casa en un ambiente cálido y muy chill. Ah, sí: ¡la vista es una locura! Mi Instagram, feliz.

Obvio, para cerrar la visita hicimos una degustación y tomé nota de todo, así que te recomiendo algunos vinos que no te podés perder de esta bodega que se ocupa de añejar los vinos bajo el claim “el tiempo y la paciencia los ponemos nosotros”. 

Catamos añadas viejas de sus Montchenot, vino de inspiración bordelesa y carácter de Rioja (España), que es una curiosidad absoluta. Incluso aprovechamos y cada uno se compró una botella de su año de nacimiento ya que ofrecen variedad de cosechas históricas.

Bodegas en Maipú

Finca Flichman

La segunda estación de nuestra bitácora por bodegas de Maipú fue Finca Flichman, una de las pioneras en la zona de Barrancas. 

Fundada en 1910 por Samuel Flichman, en los últimos años el edificio centenario fue ampliado y restaurado para abrir nuevamente sus puertas al turismo. 

Recorrerla es un placer. Y no se trata solo de ver. Todo acá entra en juego: los aromas, el tacto, los sonidos. La mezcla de los frutos y la madera está presente a cada paso. Es una fiesta para los sentidos.

Durante la visita, pudimos conocer también algunos de sus viñedos emblemáticos donde es posible apreciar las diferencias con otras regiones de Mendoza (y sobre todo otras bodegas en Maipú) y nos hablaron mucho del Syrah, cepa de la cual Flichman era fanático y al parecer se encargó de introducirla en Argentina a mediados del siglo XX. 

Sin embargo, Finca Flichman ofrece mucho más que Syrah en sus líneas Caballero de la Cepa, Misterio y Dedicado, muy exitosa en los principales mercados del mundo. Obviamente catamos estos vinos que en algunos casos se elaboran con uvas de Maipú pero también con otras de su finca de Valle de Uco.

Un dato esencial de esta visita fue recorrer la cava histórica donde atesoran botellas desde 1954 que se pueden catar o comprar. Dicen que hay que insistir porque son muy pocas y exclusivas. Un bullet más para mi wishlist.

Bodegas en Maipú

Ver Sacrum / La Cayetana

La última posta del tour por las bodegas en Maipú, por ahora, fue la finca La Cayetana, una estancia bellísima, de estilo colonial, repleta de jardines agrestes. Es un pequeño paraíso donde la naturaleza es la estrella.

Fue construida en 1865 y reciclada por sus actuales dueños, Eduardo y Emilia. Juntos crearon dos proyectos vinícolas que conviven en sus viñedos: Ver Sacrum y La Cayetana.

Ver Sacrum nació en 2011, cuando Eduardo y dos amigos se aliaron para elaborar vinos poco convencionales. Se trata de una experiencia innovadora, una verdadera delicia para paladares curiosos. Parte de su éxito se basa en la inquietud de los millenials por nuevos sabores. 

En cambio, La Cayetana fue fundada por Emilia. Sus vinos están hechos con técnicas antiguas, usando las variedades que estaban plantadas en la finca. 

Además de conocer los secretos de las botellas, en La Cayetana podés apreciar los cuadros de Gonzalo Antón, un artista mendocino que pinta y expone en la estancia.

¿Hay más? Obvio. Su restaurante, un emprendimiento que invita a descubrir sabores tradicionales a través de un menú de seis pasos, que incluye ocho vinos y platos elaborados con vegetales de su huerta.

De Ver Sacrum te quiero recomendar su colección de vinos a partir de Garnacha, de la que se convirtieron en referentes en Argentina, pero también el Doña Mencía de los Andes, único vino argentino elaborado con esta cepa gallega.

Así pasó mi primer día por las bodegas en Maipú, entre sabores, naturaleza e historia. Hay tanto para ver que ya avisé que voy a volver.

Dato: una linda alternativa es tomar el tren urbano y combinarlo con la bicicleta, o sumarse a alguno de los muchos tours disponibles. 

¡Hasta la próxima aventura, winelovers! Más sobre Mendoza? Seguí este link

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