Navidad a la Argentina

Navidad a la Argentina

La tradición dice que el 8 de diciembre se arma el árbol de Navidad. Y en la mayoría de las casas de Argentina, como en muchas más del mundo, junto a un pino estéticamente boreal montamos un escenario con estrellas de Belén, pesebres de Judea y toda la parafernalia de medias, renos y decorados referidos a la nieve que debería caer en forma copiosa durante la fiesta. Pero no: para el 24 de diciembre, no cae nieve en esta parte del mundo. Menos cuando el termómetro marca 35 o más grados centígrados.

Si toda esa circunstancia fuera de lugar abarcara solo el decorado o un asfixiante traje de Papá Noel —así llamamos a Santa Claus— que lleva algún tío cuando reparte los regalos, vaya y pase. Pero no. La Navidad en Argentina, por herencia de inmigrantes o penetración cultural de Hollywood, se ofrece como uno de los puntos vínica y gastronómicamente más incongruentes del calendario local.

Durante las horas previas, preparamos comidas calóricas —con largos horneados, ya veremos— y nos vestimos de ocasión para la cena de Noche Buena. Como si eso fuera poco, hacemos reuniones numerosas en las que aparecen parientes hasta de tercer grado, y no hay aire acondicionado que pueda con el verano recién estrenado.

Y, sin embargo, la Navidad es un momento especial, porque el espíritu de reunirse y comer marida bien con la idiosincrasia argentina. Si por esas cosas de la vida toca pasar una en esta parte del mundo, lo mejor es estar prevenidos para saber qué esperar de una buena noche de Navidad. Veamos.

Las comidas

El acervo navideño local ha cambiado poco con los años. Solo un poco. Porque la cena de Noche Buena —se celebra la víspera de la Navidad— resulta la oportunidad perfecta para que la cocina de las abuelas vuelva a lucirse. Y entonces, echando mano del recetario clásico de Doña Petrona —la cocinera y ecónoma con la que se formaron generaciones de argentinos—, dividimos la mesa en tres pasos: entrantes, primeros y platos de fondo.

Cada familia prepara entre uno y tres platos, luego de arduas negociaciones en las que se entrevén las rencillas familiares. ¿Quién prepara mejor el arrollado de matambre? ¿Quién hace más ricos los huevos rellenos de atún para los entrantes? Lo mismo pasa con los primeros, donde el vitel toné ocupa el podio de los infaltables junto al inoxidable pionono. ¿Y quién o quiénes —porque se dé el caso de que dos parientes preparen el mismo plato frente a la falta de consenso o riña declarada— se encargan del pavo horneado, la bondiola de cerdo agridulce (incluye ciruelas y ananá), el matambre de pollo tibio envuelto en panceta o directamente el lechón a la parrilla?

Acá hay que hacer una aclaración difícil de entender para los ojos del extranjero. No importa si son platos de invierno. Se comen porque es una noche de celebración y la gastronomía tiene que ser de excepción. Por eso, el cerdo ocupa el lugar destacado, mientras que la carne vacuna —más cotidiana en la dieta— no figura entre los elegidos para la cena.

El espíritu

En Argentina, como en los países de tradición latina, durante la noche de Navidad se entregan también los regalos. Y eso es cuando dan las 12, luego de los brindis y justo antes de que empiecen los fuegos artificiales. La entrega de los regalos tiene múltiples variantes. Una entre las más elegida, sobre todo si hay niños chicos, es que un adulto se disfrace de Papá Noel y aparezca de pronto, campana en mano, para entregar los regalos. La tarea de ser Papá Noel es grata pero dura: enfundado en el traje, el calor pasa factura.

Una curiosidad en torno a los regalos es exclusivamente femenina. Bajo el pinito, junto a los juguetes para los niños y los obsequios para los adultos, si hay mujeres solteras habrá también alguna bombacha rosa para ella. Se la regalará otra mujer —esa es la regla de oro—, y la razón para esta tradición no es muy clara. Algunos dicen que es para que consiga novio; otros, para conjurar la mala suerte, o ambas cosas.

Con todo, el espíritu navideño local es festivo. En las charlas de mesa, se hacen las cargadas típicas a los parientes: si el año fue bueno o malo, sobre la vestimenta, sobre el éxito o fracaso del equipo de fútbol del que es hincha y sobre los kilos de más o de menos con los que la cena navideña contribuirá de manera considerable. Porque ese es otro rasgo de los argentinos que gana protagonismo en la mesa navideña: mientras comemos, hablamos de comidas. Por supuesto, se aplaude la bondiola que la abuela prepara mejor que nadie, se celebra el vitel toné que siempre cae en las mismas manos cada año y se anticipa algo de los postres, a los que pronto les llegará el turno.

Y ahí hay otro detalle maravillosamente descolocado en la mesa navideña. Con el brindis y los postres, llegan los turrones de maní, las garrapiñadas, la fruta seca y abrillantada y el pan dulce: una suerte de panettone saborizado con agua de azahar y frutas abrillantadas que no puede faltar en la mesa navideña. Un detalle calórico típicamente español e italiano.

Los vinos

Por supuesto, en la mesa navideña, como en todas las mesas de los argentinos, campean los tintos. Malbec, principalmente, que es la variedad más consumida. Pero si el calor no es un impedimento, sí se toman precauciones para que no estén fuera de temperatura: se refrigeran las botellas en fraperas con agua y hielo, lo que desluce las etiquetas pero no el sabor, o bien se enfrían en la heladera. Aunque también están los que recurren directamente al hielo en la copa.

Lugar para blancos hay. Serían el maridaje indicado para muchas de las comidas, aunque se consumen menos. En cualquier caso, sí ganan los espumosos, que como aperitivo o cuando dan las 12 son la bebida más consumida. Extra Brut, Demi Sec y Brut Nature, según los gustos. Y así, mientras los corchos ascienden igual que las cañitas voladoras, se anima el brindis con la chispa de la celebración. En algunas cenas, esa chispa dará lugar a una fiesta en la que se bailará hasta la madrugada. Y en otras, encenderá las velas con las que se converse, turrón y garrapiñada mediante, mientras el calor cede a la frescura de las burbujas.

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