Valle de Pedernal, la apuesta extrema de los vinos de San Juan

Valle de Pedernal, la apuesta extrema de los vinos de San Juan

Allí los viñedos conviven con la vegetación autóctona en medio de un ambiente salvaje.
Una postal imponente y curiosa para la vitivinicultura sanjuanina.

Los lugareños lo describen como un valle escondido y los consumidores muy poco han escuchado de él. Sin embargo, se ha convertido en la gran apuesta de las bodegas de San Juan mientras sus vinos dan que hablar a los catadores más influyentes.

Un origen por descubrir. A Ignacio López, winemaker de Bodegas Graffigna, le gusta presentar al Valle de Pedernal como “una región muy joven cuyas condiciones extremas son su principal diferencial”. Y es cierto. Los primeros viñedos se desarrollaron durante la década de 1990 entre los 1.300 y los 1.600 metros de altura. Cifras curiosas para una provincia con dos siglos de historia vitícola y cuya altura promedio de cultivo eran los 600 metros.

El factor que sedujo a los winemakers es su clima, mucho más fresco que en el resto de las regiones vitícolas de San Juan. Gustavo Matocq, agrónomo de bodega Pyros, lo describe como “continental y frío con algunas nevadas en invierno. Como en el resto de la región, el hábitat es seco y soleado los 365 días del año con precipitaciones que no exceden los 150 milímetros anuales”. Un combo de condiciones ideal para la obtención de uvas de calidad, al que resta sumar una amplitud térmica que puede alcanzar los 20° C en época de vendimia.

Además, al estar encajonado entre los cerros y la precordillera, el valle funciona como un túnel por el cual circulan vientos de sur a norte que favorecen la sanidad de la viña y regulan la temperatura. Como conclusión, Ignacio López aporta: “Es un ámbito extremo que permite cosechar con niveles bajos de PH y una importante acidez natural, algo novedoso para la provincia”.

Sus suelos, que como veremos dan nombre al valle, son de origen aluvial y están constituidos por gravas de formas angulosas y planas. Junto a la arena, el limo y la arcilla, abundan las afloraciones calcáreas y el sílex, conocido también como “Pedernal”. Son suelos pobres y permeables que aseguran buena distribución del agua y en los que se observa poca compactación.

En cuanto al agua de riego, un factor clave en este paraje inhóspito de montaña, proviene de acuíferos subterráneos que se nutren del deshielo de las altas cumbres de la cCordillera de los Andes.

Vinos únicos. Con apenas una docena de etiquetas en el mercado, el Valle del Pedernal sorprende por la calidad y personalidad de sus vinos. La apuesta principal es por el Malbec, ya que “en estos viñedos la cepa logra un estilo fresco, jugoso y exótico diferente al de los frutales y expresivos producidos en Tullum y Zonda, principales oasis productivos de San Juan”, explica José Morales, enólogo y creador de Pyros Barrel Selected Malbec 2013. Las diferencias que menciona el winemaker también se pueden apreciar en PAZ Malbec 2014 de Finca Las Moras y en Graffigna Grande Reserve Malbec 2012, ambos con aromas balsámicos y minerales y paladar caudaloso. Un estilo que ya les valió una buena proyección internacional y muy buenas clasificaciones.

Como no podía ser de otro modo, también hay unas cuantas hectáreas de Syrah, cepa ícono de la viticultura sanjuanina. Entre las etiquetas con Syrah que se lucen por su frescura, están Pyros Barrel Selected Syrah 2014, Fuego Blanco Syrah-Malbec 2013 —de la familia Millán—, PAZ Syrah 2014 y Gran Syrah 2010 de Finca Las Moras, aunque este último es un blend de valles donde Pedernal aporta vivacidad y nervio.

El desafío de las blancas. En esta provincia cuyana, los mejores vinos siempre fueron tintos. En cuanto a los blancos, la producción se enfocó en cepas como Pinot Grigio y Torrontés para vinos de consumo cotidiano de excelente relación entre precio y calidad. Pero en este aspecto Pedernal también promete torcer la historia. En el caso de Fuego Blanco, ya se cuenta con dos varietales que sorprenden por su expresión filosa y vibrante: uno es Chardonnay y otro es Sauvignon Blanc, ambos de un viñedo emplazado a 1.700 metros de altura. Por su parte, Pyros Wines ya ha cultivado Chardonnay, mientras que Finca Las Moras cuenta con PAZ Sauvignon Blanc 2015, un exponente que escribe su propia historia.

Como es posible observar, en Argentina hasta las regiones más tradicionales buscan aggiornar sus vinos y sorprender al consumidor. En este caso, con un origen extremo que da cuenta de que aún queda mucho por descubrir del terroir argentino.

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