Una apuesta por lo no convencional

Una apuesta por lo no convencional

La industria vitivinícola argentina se encuentra inmersa en una búsqueda por diversificar su oferta y así llegar a un consumidor ávido de novedades y que, para alegría de todos, ya nos conoce por nuestro varietal emblema: el Malbec, por eso, ahora va por más.

Los nuevos consumidores en general, y el trade y la prensa en particular, necesitan habitualmente de nuevos incentivos para seguir enganchados con una marca y “Argentina” representada por su máximo exponente, el Malbec, no podía quedar fuera de esta tendencia. Es por ello que ha surgido la necesidad de dar a conocer otros estilos para el varietal emblema, profundizar la información sobre terruños y sacar a la luz otras uvas no convencionales y de menor producción, para que la seducción continúe en los principales mercados externos.

De la mano de Wines of Argentina, institución encargada desde hace 20 años de promover la marca Vino Argentino en el mundo, y junto a los esfuerzos de las bodegas, se viene trabajando para dar a conocer el mensaje de diversidad de regiones y varietales que ostenta nuestro país.

Teniendo en cuenta los datos recogidos en un reciente trabajo de estudio promovido por Wines of Argentina y realizado por la consultora Área del Vino, cuyo objetivo fue recopilar y sintetizar la información sobre la vitivinicultura argentina y servir así de base para futuras investigaciones, vemos que el crecimiento en la producción de varietales “no convencionales” viene en aumento.

Entre los crecimientos destacados de la década se observan tres variedades, aún con baja presencia en el país: Tannat, Cabernet Franc y Pinot Noir, lo cual revela una búsqueda de diferenciación en una vitivinicultura que muestra muchísimas posibilidades de diversificación a lo largo de casi 1.800 km de extensión.

Asi mismo, otro fenómeno observado es el creciente grado de especialización que algunas regiones están desarrollando, tal es el caso del Tannat en el Norte y San Juan, el Cabernet Franc en Valle de Uco y el Pinot Noir de la Patagonia en cuanto a tintos. Respecto a los blancos, variedades como el Viognier en San Juan o el Semillón Blanc en las zonas altas de Luján de Cuyo van ganando un espacio entre los consumidores.

De Norte a Sur los tintos reinan

El Tannat es una variedad relativamente nueva en la vitivinicultura argentina con dos regiones que se especializan en su cultivo: Zonda en San Juan y Cafayate en Salta. Las 110 hectáreas cultivadas en Salta representan el 15% del total nacional y duplican la superficie que había hace una década.
Tiene su origen en Maridan en la región del sudoeste francés muy cerca de Cahors y su nombre se debe a su elevada tanicidad.

A la vista, el vino Tannat tiene una intensa coloración roja violácea, a veces con tonalidades granate, limpia y brillante. En su aroma predominan frutos silvestres rojos y negros muy maduros del bosque, notas especiadas y la presencia de chocolate que permite interesantes maridajes.

De gran presencia en boca, la colma de manera persistente y con excelente y abundante final. Son vinos muy concentrados, potentes, estructurados y de gran complejidad.

Respecto al Cabernet Franc, varietal originario de la región de Bordeaux (Francia), ha sido considerado por expertos internacionales como la variedad que reinventará los vinos de Argentina, obteniendo altos puntajes en las principales revistas especializadas, además de ser el vino revelación en la pasada edición del Argentina Wine Awards: the Heavyweight Journalists in the ring.

Esta uva cuenta con más de 600 hectáreas plantadas – más de la mitad en Mendoza – y ha encontrado en el Valle de Uco, al sur de la capital de esta provincia, una región muy favorable para su desarrollo dado su clima más fresco. No obstante, características como su “plasticidad” para hacer diferentes estilos y capacidad de adaptación, hacen que encontremos cultivos en San Juan (120 km al norte de Mendoza), Patagonia (Río Negro y Neuquén) y en menor medida en La Rioja y Salta; así como vinos con un perfil diferente de acuerdo a su forma de elaboración y procedencia de las uvas.

Los enólogos locales destacan a esta variedad por su gran adaptación y perciben en el desconocimiento de los consumidores la gran oportunidad para trabajar en libertad generando nuevos estilos, sin preconceptos.

Finalmente, se destaca el Pinot Noir: una variedad de uva tinta que crece especialmente en las regiones frías e integra la mezcla de la mayoría de los espumantes más destacados del mundo.

No se trata de una variedad de fácil adaptación y en la Patagonia encuentra su máxima expresión con un comportamiento excelente, sus vinos son de extraordinaria finura, ligeros de cuerpo, de paladar impactante, elegantes, con carácter, con estructura tánica y perceptible acidez, elementos altamente valorados por los consumidores que buscan alternativas a los vinos con mucha madera, robustos y golosos.

Si bien estos varietales no convencionales no tienen el impacto económico ni social del Malbec, pueden complementarse muy bien y es nuestra tarea seguir comunicando la importancia de contar con diferentes zonas vitivinícolas y sus respectivos terruños.

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