Argentina, reporte de cosechas: los años 2015 a 2019

Argentina reporte de cosechas

Hasta 2015, cuando cambió el ciclo meteorológico en Argentina, las vendimias solían parecer bastante homogéneas. Está claro que cada una tenía sus matices aunque los rasgos comunes eran mayoría. Pero hoy, con el diario del lunes, podemos asegurar desde 2015 cada vendimia tuvo su personalidad. Algunas incluso fueron inolvidables, mientras que en otros casos todos rezan para que hayan sido irrepetibles.

Repasemos entonces qué sucedió con las vendimias argentinas de 2015 a 2019.

Reporte de cosechas: la desafiante cosecha 2015

Nunca se había escuchado hablar de los efectos del cambio climático en Mendoza como en 2015. Ese año que se inició como caluroso con un típico verano mendocino pronto se tornó lluvioso y fresco, y varios viñedos de zonas de gran producción vieron mermar su rendimiento. Mientras tanto, en Valle de Uco el granizo afectó a los viñedos de las mejores zonas. 

Sin embargo, las condiciones se equilibraron a partir de febrero y así agrónomos y enólogos lograron finalizar una campaña favorable con vinos de buena calidad y concentración. Pero los manejos preventivos en los viñedos se instalaron como una prioridad ante el avance de la corriente de El Niño sobre la región. 

En San Juan, por su parte, fue una vendimia seca y calurosa que se inició en los últimos días de diciembre con algunas blancas. Hubo buenos niveles de producción y una calidad impecable.

Algo más calurosa de lo habitual, en los Valles Calchaquíes la cosecha 2015 se adelantó hasta tres semanas en algunas zonas, sin haberse afectado la calidad. 

En Patagonia, por su parte, la vendimia 2015 marchó sin sobresaltos con muy buenos resultado tanto en Río Negro como en Neuquén.

La singular e inolvidable 2016

En nuestro reporte de cosechas, la vendimia 2016 quedó grabada a fuego en los vinos y en la mente de los bodegueros argentinos. Se trató de un año atípico, influenciado por la corriente de El Niño que generó un 27% de mermas y demostró, como con la cosecha 1998, que en Argentina las vendimias de El Niño son singularísimas. 

Todo comenzó con una primavera 2015 fría, una brotación tardía y un cuaje desparejo. Era un escenario para el que todos estaban preparados hasta que los efectos de El Niño se tornaron más severos de lo esperado. El dato más elocuente fueron las precipitaciones, que multiplicaron por cuatro las estadísticas históricas. 

En Mendoza, un verano lluvioso, frío y nublado demandó un trabajó muy intenso en los viñedos para asegurar la sanidad de vides y racimos. Pero una madurez fenólica que se completó antes que la azucarina puso a muchos productores contra las cuerdas. “Vivimos una situación típica de Burdeos, pero en Cuyo”, explicaría el winemaker Alejandro Cánovas. 

Ante esto, muchos productores adelantaron sus planes de vendimia, principalmente los que contaban con infraestructura para hacerlo, y esto explica que los tintos 2016 sean en general más frescos y menos alcohólicos que lo habitual para Mendoza, mientras que los blancos se beneficiaron de una tensión inolvidable. 

2017, el año en que volvió la normalidad

Tras una magra cosecha 2016, la de 2017 arrancó con algunos inconvenientes climáticos que por suerte pudieron superarse y lograr así un 20% más de uva. Afortunadamente, en todo el país se logró una muy buena vendimia.

En Mendoza, con el 2017 regresó el clima tradicional aunque las heladas de octubre demoraron el cuaje y un diciembre fresco retardó la madurez. Esto generó que en los racimos algunas uvas se vean más adelantadas que otras. Pero el verano llegó con días cálidos por encima de la media histórica que emparejaron la marcha. Incluso, una ola de calor en enero adelantó cepas como Pinot Noir hasta que el regreso de los días frescos volvió las cosas a la normalidad.

A pesar de estas marchas y contramarchas se obtuvieron frutos de excelente calidad que dieron vida a tintos intensos, profundos y con buena carga tánica. 

En San Juan, segunda provincia en extensión de viñedos, la vendimia 2017 fue temprana con vinos más frescos y menos alcohólicos. En los Valles Calchaquíes, fue un año de precipitaciones bajas, 150 mm en toda la temporada, y temperaturas moderadas. La cosecha comenzó más temprano que otros años con rendimientos altos y grandes resultados en Malbec, Tannat y Torrontés. 

Mientras tanto, en Patagonia fue un año de vinos elegantes a pesar de las condiciones climáticas irregulares, con heladas que afectaron hasta un 40% del rendimiento, vientos intensos durante la floración y un verano cálido que adelantó la vendimia. 

2018, un año clásico

Debe mencionarse en nuestro reporte de cosechas que la campaña 2018 fue fantástica para la vitivinicultura argentina. Más aún si se contrasta con las dos anteriores. 

En Mendoza lo definirían como un “típico año mendocino” ya que el 2017 presentó un invierno muy frío y una primavera seca pero fresca que atrasó la brotación, acumulando unos 15 días de demora a lo largo de todo el ciclo. 

Aunque algunas regiones del Valle de Uco y Luján de Cuyo sintieron el rigor de las heladas de octubre, nada afectó los rindes y mucho menos la calidad. 

Enero y febrero presentaron temperaturas medias dentro de los promedios históricos con precipitaciones por debajo de la habitual y esto definió una marcha favorable para la vendimia, que se acercó a niveles históricos de producción.

Para Rogelio Rabino, winemaker de Kaiken, “la campaña 2018 se destacó por el grosor del hollejo de la uva como resultado de una mayor amplitud térmica, que permitió elaborar vinos de buena coloración y acidez. Los blancos fueron excepcionales, con una gran concentración de aromas primarios”.

En Salta, Catamarca, Tucumán y Jujuy fue una vendimia fresca en relación a la media y con un inicio de cosecha lluvioso. Fue un año de tintos para una vendimia que finalizó antes de lo pronosticado, con un menor grado alcohólico en los viñedos calchaquíes. En Patagonia recuerdan hoy el 2018 como un buen año pero curioso. Las temperaturas promedio estuvieron por encima de lo estándar, de modo que la cosecha comenzó y terminó antes de lo habitual. 

El inolvidable 2019

Tras un derrotero de vendimias complejas y desafiantes, finalmente el 2019 resultó excepcional en todo el país, y un cierre optimista de este reporte de cosechas. La clave fue un clima moderado que derivó en una vendimia más larga y con parámetros tradicionales para blancos y tintos.

Un rasgo importante fue que la marcha climática fue similar desde los Valles Calchaquíes hasta Patagonia, y aún hoy todos recuerdan la perfecta maduración de las uvas.

Tras un invierno 2018 frío y una primavera húmeda y fresca, el 2019 arrancó con un verano seco de temperaturas moderadas y más días cálidos de lo usual. Por esto la maduración de las uvas se hizo esperar hasta los últimos días de enero, cuando las temperaturas altas se mantuvieron estables. En febrero regresó el clima moderado y recién en marzo todo tomó un ritmo normal. 

Sebastián Zuccardi, director de enología de Zuccardi Valle de Uco, destacó acerca del 2019: “Fue una vendimia excepcional con una temporada fresca y seca, de las mejores cosechas que tuve la oportunidad de hacer. A pesar de tratarse de un año de alta luminosidad, fue una cosecha fresca, parecida a la 2016 por el ritmo lento de madurez”. 

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