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Nuevos y originales vinos de ánfora en Argentina

Breves / Destacadas / Noticias / Trends / 19 octubre, 2020

Por: Alejandro Iglesias

Sí, ánforas. Las mismas que nos contaron que usaban los griegos y que, cada vez más, la arqueología en busca de los orígenes del vino descubre en las cuevas y asentamientos neolíticos. Esos recipientes que dan prueba de que beber el jugo fermentado de la uva, lejos de ser un pasatiempo actual, es parte robusta de una dieta tan antigua como deliciosa.

Pero si las ánforas son una postal del pasado, hoy ganan nuevo protagonismo a la luz de nuevas corrientes de pensamiento en materia de vinos. Una de ellas es la siempre polémica búsqueda de la pureza, la honestidad en las prácticas de elaboración y la lógica de la no intervención en materia de producción de vinos. Entre estas ideas y la vuelta al pasado para redescubrir cierto sabor prístino y original, no median más que unos pocos pasos. 

Y así las ánforas volvieron a la luz del escenario.

Lejos de tratarse de un cuaquerismo en la materia, enólogos y especialistas descubren al usarlas algunas particularidades olvidadas tras muchos tecnicismos y barnices de ciencia que merecen atención: una, la arcilla respira y hace respirar al vino igual que una barrica, aunque a otro ritmo y sin aportar sabor; otra, el tamaño es clave, ya que al tener que ser relativamente pequeñas por su fragilidad, resultan estables en materia de temperatura de elaboración. Todo eso se traduce en vinos de otro paradigma gustativo.

Así, el pasado vuelve a ofrecer una solución que encanta a quienes buscan elaborar vinos que reflejen este nuevo ideario. 

Giorgia is the new Bordeaux

Hace veinte años el norte de la vitivinicultura mundial eran Médoc y Saint Emilion, con su enología precisa y balanceada entre tradición y modernidad. Hoy, sin embargo, muchos enólogos buscan replicar las prácticas más rudimentarias de las regiones vitícolas del Cáucaso donde los vinos se elaboran en Quevri (ánforas), como en la antigüedad. 

De ese modo, quienes eligen las ánforas para hacer vinos buscan nuevos horizontes de inspiración. 

Por ejemplo, Eugenia Luka, Marketing Manager de Finca Sophenia, acaba de presentar Es’Vino, un proyecto personal de vinos elaborados en ánforas, junto al winemaker Matías Michelini. “Queríamos mostrar la cara más pura de Gualtallary y Matías me convenció de apostar por las ánforas de arcilla. En ambos casos logramos una expresión diferente a lo que se puede encontrar en cualquier vino de Gualtallary. Tanto el Semillón como el Malbec ofrecen un perfil súper puro con texturas muy interesantes donde la acidez típica del lugar se combina con dejos oxidativos que aportan un diferencial muy atractivo”.

Otro productor con experiencia en estos recipientes de arcilla es Matías Riccitelli, quien acaba de presentar Kung Fu, una línea de vinos sin sulfitos que cuenta con blend de blancas elaborado en ánforas. “Nos llevó tiempo aprender a usar este material, que aporta una oxigenación importante al vino. Por eso mismo lo prefiero para los blancos y los tintos de color frágil ya que son en los que podemos apreciar el resultado. La verdad es que me fascina el carácter que le da a los vinos”.

Pero no es una práctica exclusiva de los pequeños productores. Sergio Casé, winemaker de Trapiche empeñado en elaborar vinos de partidas limitadas de estilos inéditos para esta histórica bodega mendocina, también se muestra entusiasmado. “En 2018 encaramos la elaboración de un vino naranjo de Semillón en ánforas”, cuenta. “Después de una maceración de 12 meses con las pieles, resultó un vino súper original, tenso y sabroso, que nos entusiasmó a seguir experimentando”. Este primer intento se puede disfrutar en el novedoso bar de vinos del jardín de la bodega.

Al momento, entre blancos, naranjos y tintos, los vinos argentinos de ánfora ya llaman la atención en los diferentes mercados con ediciones limitadas que se agotan en poco tiempo. Entre estos se destacan Zuccardi The Amphora Project Malbec, un tinto excepcional nacido de la casualidad; Altar Uco Edad Media 2016, que surge de una crianza combinada de barricas y ánforas; On the Road Malbec, de la bodega experimental L’ Orange; Otra Piel Chardonnay, de Michelini i Muffato; Amansado Pedro Ximenez, de Ánfora, que además es criado bajo velo de flor y ofrece un perfil jerezano auténtico; Chakana Estate Torrontés Maceración Prolongada, de estilo naranjo, y La Marchigiana Criolla, elaborado por Catena Zapata en recipientes inspirados en los Quevri de Giorgia, con una larga maceración de hollejos.

Con la mirada puesta en el futuro pero honrando los orígenes, las generaciones más jóvenes de la vitivinicultura argentina nuevamente dan rienda suelta a su creatividad para sorprendernos con vinos originales. 

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Alejandro Iglesias
Alejandro Iglesias
Alejandro Iglesias (44), apasionado por la gastronomía y las bebidas desde que tiene uso de razón, en 2005 se recibió en la Escuela Argentina de Sommeliers (EAS) y desde entonces se ha desempeñado como cronista especializado en diferentes medios locales (Bacanal, Glamout.com, BeGlam, Magna, Wine+, Revista Joy, Clase Ejecutiva y otros) e internacionales (Revista Sommeliers de Perú, Revista Placer de Uruguay y Decanter del Reino Unido). Como docente de EAS dicta clases en Buenos Aires, Panamá y Costa Rica. En 2013 fue nombra director académico de curso de Sommelier Profesional de la Facultad de Química de Montevideo perteneciente de la Universidad de la República Oriental del Uruguay.




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