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El auge de las variedades mediterráneas en los viñedos argentinos

Breves / Destacadas / Noticias / Trends / 1 septiembre, 2020

Por: Joaquín Hidalgo

El vino es un fenómeno ante todo cultural: mientras que las modas dictan qué se lleva cada año, en el mundo de las copas los cambios toman otros tiempos pero están sujetos a situaciones de exploración y consumo. 

 

 

Mientras que Burdeos y Napa, eternos rivales estilísticos, marcaron la cancha de lo que está bien y mal en los últimos 50 años, lento pero seguro emergieron otras zonas del planeta con capacidad de establecer valores propios. Son la Borgoña, eterno faro para Chardonnay y Pinot Noir y las zonas frías, y el Ródano y el mundo Mediterráneo, que hoy ofrece un espejo en el que reflejarse con otros estilos de vino y zonas más soleadas.

 

En la última década, de hecho, el mundo Mediterráneo –como lo llamó el gran Fernand Braudel en su clásico libro de historia, que definió la región como un área cultural de intercambio– se convirtió en una fuente de inspiración para productores del cono sur cuyos terruños distan mucho de las vertientes frías y calcáreas de la Borgoña. Así, en particular el Ródano sur y AOC de la Costa Azul como Bandol, aportaron una cantera de nuevas ideas a los productores locales. Ya lo dijimos: al péndulo de un fenómeno cultural le sigue otro, y a la hegemonía de Burdeos-Napa le sigue la emergencia de otras regiones y estilos.

 

La luz que todo lo hace

El mundo Mediterráneo ofrece un nexo directo con los terruños de Argentina: la luz y los registros térmicos. Si para muestra basta un sorbo de vino, el área del Ródano Norte es una zona Winkler 3 y el sur Winkler 4, las mismas que la parte baja de Valle de Uco y Luján de Cuyo, respectivamente.

 

“Si lo pensás –dice Alejandro Sejanovich, quien embotella un Garnacha en Salta que cambia el paradigma Calchaquí y otras variedades mediterráneas en Mendoza– nosotros tenemos más que ver con esas áreas que con Burdeos o Borgoña”. El asunto es que los modelos varietales estaban sólo inspirados en estos últimos. Hasta hora.

 

De hecho, en el Valle de Uco y en el Este de Mendoza se plantaron algunas de las variedades emblemáticas del mundo Mediterráneo. Descartando Moscatel, Syrah y Viognier –que se cultivan de larga data en el país–, Garnacha, Mourvedre y Carignan, Marsanne y Rousanne junto con las italianas Greco Nero y Cordisco, fueron plantadas en la última década. “Son variedades adaptadas por siglos a esas condiciones,” dice Fernando Buscema, director del Catena Institute of Wine, donde están observando de cerca el potencial de la Garnacha, una de las variedades mediterráneas más famosas. 

 

En total, hablamos de unas 485 hectáreas plantadas de las que Greco Nero representa 345 y Cordisco 80. Es verdad: el resto son un puñado de hectáreas, pero los resultados son prometedores. Es que bajo los solazos del oeste argentino, el manejo de las uvas adaptadas a la luz y las altas temperaturas encuentran ventajas firmes comparadas con las borgoñonas y bordelesas. 

 

Los vinos argentinos se diversifican con variedades italianas

 

Beber otro estilo

“Estamos empezando a entender las virtudes que representan en nuestros terruños”, dice Mariana Onofri, cuyo proyecto ha hecho punta de lanza de algunas de estas variedades en Lavalle, al norte de Mendoza. En particular Carignan y Mourvedre, que ya tienen líneas comerciales. 

 

El punto es que, además de tener adaptación al terroir, ofrecen otros perfiles de vino. Pablo Durigutti elabora Cordisco para Proyecto Las Compuertas: “Me seduce el equilibrio de fruta y frescura con hierbas que aquí se consigue con baja graduación alcohólica”, asegura. El perfil recuerda a los vinos del Etna.

 

En paralelo, algunos vinos de Mourvedre buscan el estilo concentrado y jugoso de Bandol, en la Costa Azul. “Es lo que me encanta de esta variedad: madura, pero conserva frescura”, afirma Cristian Moore, que lo elabora en la línea Corazón de Sol como componente de un GSM, con uvas de Los Chacayes. Paladín de esta movida, sin embargo, es Ver Sacrum. Ellos dieron los primeros pasos con estas variedades, en particular la GSM en la misma sintonía.

 

Pero es en Garnacha donde más se ha avanzado, con 25 hectáreas cultivadas en zonas calientes y moderadamente frías. Y a la fecha hay una docena de vinos en el mercado que exploran esta vertiente.

 

Más allá de las escasas hectáreas y las pocas botellas disponibles, lo interesante del fenómeno de las variedades mediterráneas en Argentina es que en conjunto ofrece nuevos estilos de vino y una vanguardia de productores que explora otras vertientes. Para que sean una corriente central aún falta tiempo. Pero como sucede con todos los péndulos de la historia en el vino, es cuestión de esperar.

 

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Joaquín Hidalgo
Joaquín Hidalgo
Mendocino de nacimiento (1978), se recibió en el Liceo Agrícola como enólogo en la promoción 1996. Al año siguiente, se inscribió en periodismo en la Universidad Nacional de La Plata, de donde egresó en 2002. Desde entonces vive en Buenos Aires donde construyó una lar- ga carrera combinando sus dos pasiones: la escritura y los vinos. Ha trabajado en casi todos los medios que le dieron co- bertura al tema. Desde el Country Herald a la Revista del Club del Vino, en los que escribió sus primeras notas firmadas, a Playboy, Revista JOY y La Mañana de Neu- quén, diario del que sigue siendo columnista dominical desde 2007. Colaboró como catador y cronista para Aus- tral Spectator relevando Chile y Perú en la edición 2005 y luego coeditando la guía entre 2011 y 2012. A contar de 2014 escribe semanalmente para el diario La Nación, donde actualmente tiene una columna llamada Sin Filtrar los días viernes en el puntocom. A principios de septiembre de 2019 fue contratado por la plataforma Vinous para reportar Argentina y Chile. Joaquín Hidalgo Born in Mendoza in 1978, Joaquin received his Certificate in Winemaking from the Liceo Agrícola in 1996. The following year, he took Journalism at the Universidad Nacional de la Plata, graduating in 2002. Since then he has lived in Buenos Aires, where he has built up an extensive career combining his two passions: writing and wine. He has worked for almost every media outlet that covers the area from the Country Herald to the Revista del Club de Vino, where he published his first signed articles, Playboy, Revista JOY, and La Mañana de Neuquen, for whom he has been a columnist since 2007. He has been a taster and correspondent for the Austral Spectator, covering Chile and Peru in 2005 and then co-editing the guide in 2011 and 2012. Since 2014, he has written a weekly column for the La Nación newspaper for whom he also writes a weekly blog called Sin Filtrar on their website. In September 2019, he was hired by the Vinous platform to cover Argentina and Chile.




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