Valle de Pedernal, el secreto a voces de San Juan

Valle de Pedernal, el secreto a voces de San Juan

¿Cuándo un terroir llega a la boca de los consumidores? Cuando cumple un ciclo histórico, cuando sus vinos dan que hablar y cuando en las copas se percibe ese algo propio que lo hace distinto. Todo eso hoy se encuentra en el Valle de Pedernal, encajonado en la precordillera de San Juan. Y es un saber que atesoran los productores y los bebedores de paladar negro.

Ubicado entre dos cordones montañosos bien diferentes –al oeste, la Sierra del Tontal y al este, la de Pedernal– es un valle con todas las de ley: abierto a la vista pero encerrado entre montañas. Esas dos barreras definen una geografía y una realidad propia de terroir.

Hablamos de geografía porque el valle se eleva a unos 1400 metros en promedio. Esa característica le aporta a San Juan una gema de frío para sus viñedos, que contrasta ampliamente con lo que sucede en los del llano, a unos 600 metros. ¿Cuánto? Si solo tomamos un promedio, en el Valle de Pedernal hay unos 8°C menos que en los llanos. 

Así, en plena etapa de madurez, la región no supera los 28 grados, con noches notablemente frescas y días extremadamente luminosos. En palabras de Marcelo Belmonte, director de viticultura de Peñaflor, “Pedernal es un valle precordillerano de clima templado frío, donde se acumulan aproximadamente 1600 grados días, con importantes amplitudes térmicas durante todo el ciclo vegetativo de aproximadamente 15 °C, alta radiación ultravioleta  y con temperaturas en el mes antes de cosecha de 10° C. Este clima frío ocasiona una madurez tardía con temperaturas que bajan notablemente en otoño y que permiten preservar acidez y  aromas primarios que son muy volátiles y  que explican complejidad aromática y finesa de sus vinos. Existen  exposiciones Oeste si los viñedos están ubicados en los faldeos de las Sierras de Pedernal y exposiciones Este recibiendo más sol de la mañana en los viñedos ubicados sobre los faldeos de las sierras de las Osamentas variable que impacta en el patrón de madurez de las distintas variedades. Algo diferencial son sus suelos pedregosos, calizos y con presencia de limo que explican la estructura y textura de taninos acompañados por un muy buen medio de boca”.

Geográficamente hay otro componente porque las dos pendientes puestas en juego, la que va del Tontal al este y la del Pedernal al oeste, además de exposiciones diferentes para los viñedos ofrecen condiciones distintas de suelo. La primera aporta los famosos pedernales, piedras laminares y sólidas que servían para encender fuego en tiempos remotos, dándole el nombre al valle. La segunda propone suelos calcáreos meteorizados a partir de rocas calcáreas, según los estudios de los terroiristas Lidia y Claude Bourguignon. 

“Hasta ahora es el único lugar vitícola con esa condición en la Argentina”, describe Gustavo Matoq, agrónomo de Pyros Vineyard.

El único punto crítico del valle es la falta de agua, por lo que hay que bombearla desde napas muy profundas, a lo que se suman las heladas que, en todo caso, por las pendientes pronunciadas afectan al corazón del valle. 
Esta unión de factores arma un tetris de combinaciones que revelan en las copas una realidad propia, una identidad. Y con escala suficiente para hacerse un espacio en el mercado: hay unas 800 hectáreas plantadas, cuyos primeros viñedos datan de comienzos de los ´90, con el grueso desarrollados desde la década de 2000 en adelante. Son unos 10 millones de botellas potenciales.

Los nuevos vinos

Pero todo esto no pasaría de ser un manual de oportunidades si no fuera porque los productores de San Juan, pero también de Mendoza, exploran la potencialidad estilística de la región, empujando los límites hacia una identidad gustativa. En ese sentido, este raro año 2020 llegó a la góndola uno de los tintos que será recordado como un hito de frontera para la región.

Elaborado con Malbec de suelos calcáreos y con una crianza de 20% de roble nuevo, Pyros Limestone Hill 2016 abre las puertas de una nueva percepción para los vinos de la zona. 

Ya había algunos indicios -tanto dentro de Pyros como en Fuego Blanco Flintsone Malbec 2017, Paz Cabernet Sauvignon-Cabernet Franc 2018, Vasparo Malbec 2018, La Linterna Finca “La Yesca” Parcela 13 Malbec 2014 y BenMarco Extremo Malbec 2018- de que la región podía jugar un nuevo papel en materia de estilo. Pero ahora tiene un norte claro y una vara más alta.

Para tener una idea de los contrastes: mientras que los Malbec que provienen de los suelos de la Sierra del Tontal ofrecen un perfil frutado y herbal con paladar de buen cuerpo e intensidad, los de la zona de la Sierra del Pedernal brindan etiquetas más austeras en aroma, igualmente ricas en intensidad, con un paladar donde la textura de tiza es el corazón de las sensaciones. Eso, cuando las uvas no están sobremaduras.

Asimismo, de este valle se obtienen algunos Syrah de zonas frescas, en contraste con el resto de San Juan, como el propio Pyros, sumado a algunos blancos atípicos hasta ahora en San Juan como Gewüztraminer o la tensión y el volumen de ciertos Sauvignon Blanc de altura. 

En palabras de Clara Roby, enóloga de Fuego Blanco, “a los 1550 metros, donde estamos, la madurez es muy lenta, con lo que las variedades blancas, pero en particular las Sauvignon Blanc, conservan una acidez elevada y ofrecen un perfil herbal, con trazo de ruda y tomillo”.

Nada de esto era ajeno a los productores. El Valle de Pedernal aportaba uvas de alta calidad desde que fue plantado. La novedad, en todo caso, es que la región empieza a performar un sabor propio. Y eso es el secreto para pasar de ser una promesa a una zona con credenciales sólidas.

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