Gualtallary Wines, en el corazón de Tupungato

Bodega Altus

Pocas palabras tienen la sonoridad impregnada del Valle de Uco como Gualtallary: hoy sinónimo de vinos de altura, con carácter y refinada potencia, hace poco más de una década era una rareza pronunciada en la boca de unos pocos. Gualtallary Wines, en Tupungato, se cuenta entre los primeros en revelar allí su magia en vinos.

Bodega Altus

Gualtallary Wines, con el horizonte en la altura

Corría el año 1997 cuando comenzaron, a la vera de la hoy famosa calle La Vencedora, con la plantación de un viñedo de 5 hectáreas a 1170 metros de altura. 

Entonces ese era el límite a todo lo conocido. Quienes se aventuraban más allá, donde estaba el Monasterio del Cristo Orante o terminaban las estribaciones de la sierra del Jaboncillo, eran considerados locos de atar. 

Y el equipo de Gualtallary Wines no escapó a esta lógica, junto con un puñado de otros productores que, en la misma zona, plantaban sus viñas con el horizonte puesto en la altura.

Pasaron los años. Gualtallary Wines plantó 70 hectáreas de viñedos hasta los 1500 metros. Construyó un lodge. Montó un restaurante. Levantó pircas y caballerizas donde un centenar de tuzados caballos de raza cocean en la arena y las piedras de Gualtallary. 

Y también edificó una bodega para procesar las uvas, con una capacidad de elaboración de 150 mil litros por año y una guarda de 400 mil. Entre los proyectos que planean desarrollar se cuenta una finca a 1800 metros, aún inculta.

Bodega Altus

Pioneros en un excelente terroir

Ahora Gualtallary, el sonoro nombre huarpe de un ignoto rincón al pie de Los Andes, produce ecos de grandes vinos. 

Como gusta decir el enólogo Jorge Rodríguez, al frente de los vinos de Gualtallary Wines “Somos pioneros en la región Gualtallary y en la elaboración de vinos de altura. Desde nuestros inicios nos enfocamos en obtener vinos premium, ofreciendo la mejor relación precio-calidad en cada una de las líneas, buscando la tipicidad y carácter de cada varietal en este excelente terroir, teniendo siempre presente el trabajo armónico del medio ambiente”.

Elaboran con uvas propias Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Malbec y Merlot, en un estilo a veces maduro y otras refrescante, con calibradas crianzas que reflejan la condición de altura y solar, bajo las líneas Altus y Gualtallary. 

Sus botellas se descorchan de Alemania a Brasil, de Estados Unidos a Italia y Polonia, pasando por Reino Unido, Rusia y Taiwán.

Ahora bien, si hay un lugar en el que esta historia de pioneros y visión cobra otra envergadura, es en la misma finca, en el restaurante La Tupiña: ahí, junto a los platos del chef mendocino Lucas Bustos, los sabores transparentes y llenos de energía de Gualtallary cautivan el paladar.

Pero si una visita es imposible por la distancia, la magia de este rincón del mundo al pie de Los Andes puede ser hallada en cada botella de Gualtallary o Altus. Un buen punto de inicio es el Malbec. De ahí en más, sólo resta viajar.

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