Gastronomía peruana y nuevos vinos argentinos: un maridaje que se consolida en toda su variedad

Gastomomia peruana

Desde hace ya más de una década, los vinos importados más consumidos en Perú son los argentinos. Los motivos van mucho más allá de las preferencias iniciales de los enófilos peruanos por uno o dos estilos de Malbec y hoy se afianzan nuevos estilos de la mano de una gastronomía sofisticada y de sutilezas, que encuentra contrapesos y balances eficaces en las tendencias del vino argentino.

Así como no existe una sola cocina peruana, tampoco podemos hablar de un único estilo de vino argentino. Y los profesionales del ámbito gastronómico de Perú lo saben. Están explorando, junto con los consumidores, la creciente diversidad de cepas y estilos que Argentina muestra al mundo. 

Las posibilidades de nuevos maridajes exitosos se han multiplicado notablemente, no solo por la creciente introducción en el mercado peruano de vinos argentinos elaborados con distintas variedades de uva –Criollas, Chardonnay y Sauvginon blanc de altura, Cabernet Franc– sino también por la expresión diferente que estas cepas alcanzan en sus diversos terroirs de origen. También los amantes del emblemático Malbec pueden disfrutar desde hace tiempo de esta multiplicidad de rostros.

Con viñedos situados en altitudes que van desde los 4 hasta los 3.329 msnm, extendidos a lo largo de 3.800 km entre los 23° y los 45° de Latitud Sur y unos 20° de Longitud Este-Oeste, no es difícil imaginar la increíble diversidad de vinos que ofrece Argentina en el presente. Existe un enorme potencial en el reconocimiento y la valorización de la identidad única de cada viñedo, y una fuerte señal de esta tendencia es la delimitación de nuevas Indicaciones Geográficas, que desde inicios de este siglo han superado el centenar.

Vinos & gastronomía

José del Castillo, chef propietario de la cevichería La Red y del restaurante Isolina Taberna Peruana, cree que “los guisos, picantes y ajíes de la cocina criolla siempre han sido un gran desafío a la hora de encontrar un vino para acompañarlos”, por lo que su público tenía temor de equivocarse en su elección. Consciente de la diversidad de los vinos argentinos, “celebro –dice– que en los últimos años mis comensales hayan roto con los prejuicios y tengan una gran apertura para escoger, inclinándose también por los vinos blancos”. Esa sencillez en la manera actual de elegir los vinos ha aumentado las experiencias placenteras, y naturalmente las ventas.

Para Flor Rey, Chef Sommelière del restaurante Maido, la apertura del público peruano a otras opciones de vinos argentinos más allá del Malbec o los vinos con barrica está creciendo. “Actualmente hay más consumidores –sobre todo entre los jóvenes, asegura– que aprecian los vinos elaborados con menor intervención y también con métodos no convencionales, o con atrevidas combinaciones de cepas”. Considera que es muy positivo que se pueda encontrar ese tipo de vinos argentinos en el mercado peruano, y cree que de ingresar vinos naranjas (los de cepas blancas fermentadas con sus pieles) “que tendrían también una excelente inserción, al igual que los novedosos “Pét-Nat” (Pétillant Naturel)”.


Para la gastronomía peruana es muy interesante explorar vinos blancos argentinos con carácter mineral y alta acidez y vinos tintos más livianos. Otra apuesta fuerte para la cocina criolla es el Cabernet Franc. 

Jugar con la temperatura de servicio de los vinos es una estrategia que algunos profesionales sugerimos para el maridaje con los platos peruanos. Flor la utiliza exitosamente: “Propongo animarse a servir los vinos tintos más frescos para contrarrestar la sensación cálida de los platos picantes, y –con los platos fríos– servir los blancos a una temperatura levemente superior a la usualmente recomendada”, sugiere.

En la opinión de Jaime Pesaque, chef propietario de Mayta y creador de Jaime Pesaque Restaurantes, “definitivamente ha habido un crecimiento exponencial en la elaboración de vinos de Argentina, y tanto la diversidad de variedades como de estilos ha permitido un acercamiento más agudo con la gastronomía peruana”. El uso de variedades poco populares pero que siempre estuvieron ahí, como la Criolla o la Moscatel de Alejandría, proyectos de vinos naturales en los que la intervención humana es muy poca, y el atrevimiento de mostrar un producto distinto –que, si bien es un riesgo, ha sido del agrado del consumidor y de la crítica especializada– hoy en día muestran una Argentina con variedad y versatilidad desde la cual la propuesta no sólo es maridar con parrilla y pastas, sino que hay mucho más que ofrecer.

Otras combinaciones 

Tintos jóvenes y ligeros, o estructurados y con cuerpo. Blancos secos y frescos, o frutados y aromáticos. Rosados, naranjas y espumosos de todos los estilos, y también vinos dulces y fortificados. Vinos clásicos, y también vinos innovadores y hasta atrevidos. Vinos naturales “por naturaleza”. Vinos de altura o de la costa, del desierto o de la pampa húmeda. Ese es el abanico de opciones que se despliega desde Argentina. 

Es por eso que las cocinas y despensas de la Costa, la Sierra y la Selva, tanto del Norte como del Centro y del Sur de Perú, tienen muchos acompañantes para elegir entre los vinos argentinos. Un encuentro para celebrar una y mil veces, a lo largo y a lo ancho de este país, donde la gastronomía refleja el espíritu de su gente y es un gran orgullo nacional.

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