Cabernet Franc ¿El futuro del vino argentino?

Cabernet Franc ¿El futuro del vino argentino?
Cabernet Franc

La semana pasada tuvo lugar la cuarta edición de Premium Tasting en Mendoza. Se habló mucho del futuro y de cómo ofrecer vinos para mayor cantidad de paladares.

El evento es sencillo: se recortan los vinos mejor rankeados por el crítico norteamericano Robert Parker Jr. –en rigor por su representante para el mercado doméstico, Luis Gutiérrez- y se organiza una cata multitudinaria. En total 30 muestras de más de 92 puntos, ahora catados por unas 350 personas. Eso es, básicamente, la Premium Tasting, cuya cuarta edición tuvo lugar el 14 y 15 de agosto en Mendoza.

Organizado por Nicolás Aleman y el Hotel Intercontinental, desde la segunda edición el Premium Tasting conlleva un seminario. Y en ese seminario, que se realiza el primer día, es donde a nuestro juicio pasan las cosas más interesantes. Este año estuvieron sentados algunos de los enólogos más renombrados del país –y algunos extranjeros- para reflexionar sobre el derrotero gustativo del vino argentino.

De las charlas que tuvieron lugar, una fue realmente importante, por lo que implica de cara al futuro. Con el título “Caberent Franc, ¿el delfín del Malbec?”, el enólogo Alejandro Vigil –responsable de los vinos de Catena Zapata, entre muchos otros- y el periodista chileno Patricio Tapia, intentaron explicar cómo el Cabernet Franc es la variedad que está reinventando el vino argentino.

La clave está en el Franc

Plantada en nuestro país desde fines del silgo XIX, el Cabernet Franc siempre fue una variedad de corte. Durante la década de 1990, sin embargo, se incorporaron clones nuevos de la variedad y se realizaron los primeros viñedos monovarietales. El plan era tener un vino para sumarle brillo a otras variedades en cortes. Sin embargo, al cabo de una década, resulta que ese brillo tiene vida propia y late con músculo potente y creativo.

Para Vigil, la clave del Franc no es tanto la capacidad de la variedad para hacer vinos de expresión aromática y boca jugosa. La clave, sostuvo, está en que la uva es plástica, es decir, que se adapta muy bien a muchos terruños y que da vinos diferentes en cada caso. Algo que Tapia refrendó con ejemplos franceses.

Pero lo que es más importante, es una variedad con personalidad indefinida en el mercado doméstico, lo que le permitió a los enólogos trabajar sin preconceptos sobre lo que esperaría el consumidor. De ahí que hoy, con el nombre de Franc, se encuentre en el mercado un estilos nuevo. Esa es la enseñanza del Franc: que se pueden hacer vinos diferentes en Argentina. No tintos gordos y golosos como única variante. Y que se pueden explorar tintos ligeros o lineales, ya no con Franc, sino con Malbec o Cabernet Sauvignon, por ejemplo. Y eso implica un giro de la industria hacia la diversidad, que amplíe de paso el paladar de los consumidores y sus ocasiones de consumo, más allá del tinto potente para el asado.

Diversificar, la cuenta pendiente

De hecho, no es el Franc el único ejemplo. Más claramente con el Pinot Noir se dieron los primeros pasos sobre estilos diferentes en nuestro mercado. Esta variedad, ligera y fragante, de boca suave, fue la primera en desafiar el universo de tintos potentes y concentrados. Sin embargo, no estaba tan claro que se tratara de un asunto de estilo, sino más bien de una incapacidad de la uva para darlos.

Y ahí entró a tallar el Franc. Una uva que podría haber dado vinos gordos y robustos, si así lo hubieran querido los enólogos, pero que por su escasa cantidad y baja incidencia en el mercado se transformó en el ariete para la renovación del vino argentino. Con ella, los enólogos jugaron y se divirtieron e hicieron vinos que beberían a gusto. Algo que el consumidor pescó en el acto, porque percibió que había un vino con perfil nuevo, que pudo nombrar como Cabernet Franc.

Para mencionar algunos ejemplos de esta tendencia podríamos citar a: Lamadrid Single Vineyard Reserva, El Enemigo, ZAHA o Martino Reserva.

Así, hoy estaríamos en el mismo punto de partida del que consumidores e industria largamos en los 90: un estilo de vinos instituido que tiene un estilo desafiante e instituyente. En aquel entonces, la llave la tuvo el Malbec. Hoy, además de Franc y Pinot Noir, habría que listar Petit Verdot, Tempranillo, Syrah y quizás también Bonarda. Si hacemos caso a lo que se dijo en la Premium Tasting, pareciera que estamos a las puertas de un cambio de época. Y eso es algo para celebrar.

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