Breves

Entre las principales variedades, solo el Malbec y los Blends tintos crecieron en volumen.

En 2015, la cantidad de marcas vendidas de vinos embotellados ascendió a 2.681, creciendo en 88 unidades respecto a 2014.

En el 2015, de los 10 principales destinos, 7 crecieron en volumen y en valor. Por su crecimiento absoluto se destacaron Reino Unido (+255,6 mil cajas), Estados Unidos (+156 mil cajas), China (+94,8 mil cajas) y México (+77,2 mil cajas).

Vino embotellado: En 2015 se facturaron 722,9 millones de dólares y la participación sobre el total fue del 77%.

En diciembre la industria vitivinícola argentina exportó 28,1 millones de litros valuados en 70,6 millones de dólares.

En el 2015 las exportaciones totales de vinos y mostos fueron de US$ 933,6 millones y 359,8 millones de litros.

El Este apuesta al futuro

Noticias / Tendencias / 9 diciembre, 2015

Por: Alejandro Iglesias

San Martín, Rivadavia y Junín no son los orígenes del vino argentino más conocidos por sus seguidores. Rara vez los wine writers dedican líneas a sus viñedos e historia; incluso la industria cuenta muy poco de este rincón de Mendoza. Sin embargo, estos y otros departamentos del Este mendocino concentran el 65% del vino de la provincia, y hoy muchos están dispuestos a ponerlos nuevamente entre los más destacados del país.

Futuro con historia

Con los vinos obtenidos desde estos viñedos, se cimentó la industria vitivinícola argentina durante el siglo pasado. Allí nacieron muchas de las etiquetas más consumidas por los argentinos, hasta que el cambio de siglo convirtió a los terruños de altura en el centro de atención. “La búsqueda de climas fríos donde producir vinos más frescos y ligeros nos llevó a enfocarnos en la montaña, pero hay mucho que aprender de los viñedos del Este”, asegura Mauricio Lorca, uno de los enólogos que vuelve a confiar en el potencial de esta región.

Durante las décadas de 1970 y 1980, las principales bodegas obtenían allí los frutos para sus vinos. Eran tiempos en que la consigna principal era satisfacer la gran demanda interna. Cuando la industria decidió prestar principal atención a la calidad y al desarrollo de mercados internos, el Este fue, de algún modo, dejado de lado. Al menos en la comunicación, ya que nunca perdió su rol vital como productor de uvas de calidad.

De las 160.000 hectáreas cubiertas con viñas en Mendoza, algo más de la mitad se concentra en el Este de su geografía. A diferencia de los viñedos de las regiones en boga, aquí los viñedos se ubican entre los 600 y 800 metros de altura sobre el suelo arenoso y arcilloso del desierto. El cultivo solo es posible gracias al riego, ya que su hábitat es seco y la temperatura promedio es elevada debido a un sol omnipresente que somete a las vides a jornadas agobiantes. Es por eso que en el Este todas las cepas alcanzan su madurez y la productividad por hectárea es superior a la de regiones frías. “La zona es buena para la producción de vinos de consumo diario, pero también para otros de alta gama en viñedos próximos a los ríos o influenciados por los aires fríos que descienden de la montaña por las guaiquerías”, suma el enólogo Héctor Durigutti, un fanático de los Bonarda de la zona.

Hoy, el bagaje de conocimiento acumulado durante los últimos veinte años, los agrónomos y los winemakers reducen los rendimientos de la región y adelantan los tiempos de cosecha. Así, los vinos obtenidos ya evidencian una expresión moderna y vivaz que deparará muchas sorpresas.

Más allá del precio/calidad

En este terroir, muchas cepas aseguran resultados para destacar. Este potencial lo convierte en origen de un gran número de etiquetas que se comercializan a precios muy competitivos en todos los rincones del planeta. Pero hoy la apuesta no solo es lograr vinos a buenos precios, sino también alcanzar una calidad que el consumidor no encuentre en botellas de otros orígenes.

A las cepas históricamente destacadas, como Bonarda, Tempranillo, Sangiovese, Chenin Blanc, Semillón, Moscatel y Criolla, hoy se suman Malbec, Chardonnay y Viognier. Ya sea como varietales o blends, en los últimos tiempos la región ofrece un upgrade cualitativo que atrae a winemakers consagrados en otras zonas. “En Rivadavia, estamos elaborando vinos frescos de gran intensidad frutal y taninos suaves. Son vinos con potencial de guarda de tres a cinco años y excelente relación precio/calidad. El consumidor no tarda en descubrir que estos vinos aseguran buen sabor”, cuenta Mauricio Lorca, referente de Luján de Cuyo y Valle de Uco, hoy seducido por el potencial del Este.

La meca de la Bonarda

Para definir cuáles son las cepas ideales para esta región cálida, enólogos y agrónomos ya investigan los suelos y demás factores de este terroir. Los primeros estudios arrojaron que Bonarda es la cepa más indicada y representativa. “Trabajamos sobre diferentes selecciones, poblacionales y clones de Bonarda para comprender cómo lograr los mejores resultados para este varietal en Rivadavia, San Martín y Santa Rosa. En todos nos brinda grandes vinos”, comenta Alejandro Vigil, enólogo principal en Catena Zapata, hoy a cargo de la exploración de numerosos viñedos del Este mendocino.

Por su parte, el departamento de San Martín es considerado Capital del Bonarda, dado que el varietal cubre 3.850 hectáreas de su superficie, el equivalente al 20% del total nacional. Desde siempre, este origen, al igual que Rivadavia, fue de los más buscados por las bodegas a la hora de pensar en varietales de esta cepa. “Estas Bonarda aportan mucha fruta y paladares vivaces y jugosos, son vinos siempre fáciles de beber”, agrega Durigutti, quien utiliza uvas de Rivadavia en su varietal más premiado.

Y los dichos de los expertos se pueden comprobar en el mercado, donde una amplia gama de Bonarda del Este se luce en las góndolas. Desde los smart buy de Álamos y Durigutti Clásico hasta los que empujan a esta cepa hacia la alta gama. Entre ellos, Gran Dante, de Dante Robino, o El Enemigo, de Alejandro Vigil, encabezan las preferencias.

Recuperar la historia

Hace unos años, la bodega Catena Zapata inició la identificación de parcelas en diferentes rincones de esta zona, donde hay mucho material genético para explotar. “En esta zona, comenzamos a hacer los grandes vinos argentinos y los viñedos siguen en pie. Ahora buscamos que recuperen su prestigio”, comenta Nicolás Catena. En su bodega, el equipo de profesionales del Catena Institute of Wine tiene bajo estudio viñedos históricos de Chenin Blanc, Semillón, Syrah y también cepas criollas cuyos vinos verán el mercado de un momento a otro. Según su enólogo principal, “el Valle de Uco nos encandiló por la calidad de sus vinos, pero es hora de recuperar la historia de esta región y contarle al mundo sobre sus grandes vinos”.

Una vez más, el futuro del vino argentino se alimenta de su historia y, en esta ocasión, lo hace con la intención de recuperar el bastión más importante de la industria. Una apuesta que demostrará que en el país se pueden obtener grandes exponentes para todos los paladares.

Foto: http://www.argentina.travel/






Alejandro Iglesias
Alejandro Iglesias (40), apasionado por la gastronomía y las bebidas desde que tiene uso de razón, en 2005 se recibió en la Escuela Argentina de Sommeliers (EAS) y desde entonces se ha desempeñado como cronista especializado en diferentes medios locales (Bacanal, Glamout.com, BeGlam, Magna, Wine+, Revista Joy, Clase Ejecutiva y otros) e internacionales (Revista Sommeliers de Perú, Revista Placer de Uruguay y Decanter del Reino Unido). Como docente de EAS dicta clases en Buenos Aires, Panamá y Costa Rica. En 2013 fue nombra director académico de curso de Sommelier Profesional de la Facultad de Química de Montevideo perteneciente de la Universidad de la República Oriental del Uruguay.




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